Ministerio Grano de Trigo

Leer en línea el libro
De Gloria en Gloria


Capítulo 13:
LA IMAGEN DEL INVISIBLE

Hipervínculos para:

ÍNDICE

Capítulo 12: Por gracia a través de la fe

Capítulo 14: La Esperanza de gloria


Capítulo 13
LA IMAGEN DEL INVISIBLE

En este capítulo vamos a estar tratando un asunto que es muy santo. El objeto de nuestra investigación es Dios mismo. Por lo tanto, me gustaría instar a cada lector, antes de comenzar a leer, a quitarse los zapatos- esto es espiritualmente hablando. Lo que quiero decir es esto: Dios está mucho más allá de nuestra comprensión humana. El es el Creador y nosotros somos solo Sus criaturas. Es absolutamente imposible que nosotros lo examinemos a fondo o lo comprendamos.

Consecuentemente, al buscar algo de iluminación acerca de este asunto tan sagrado, no podemos, por cierto, ni debemos preparar nuestras mentes. Comprender aún el más pequeño aspecto de nuestro Dios no es en absoluto un ejercicio mental. La única manera cómo entenderemos algo en lo concerniente al Todopoderoso es si El escoge revelarse a Sí mismo a nosotros.

Aunque no podemos comprenderle, sin embargo El nos puede dar revelación espiritual la cual sobrepasa por mucho la sabiduría humana. Los primeros apóstoles no eran hombres eruditos. Muchos de ellos fueron simples pescadores. Sin embargo la revelación dada a ellos en relación a la persona de Dios es rica y plena.

Con todo esto en mente, me gustaría recomendar que todos nosotros juntos nos humillemos delante del Señor. Pongamos de lado nuestra lógica y razonamientos humanos. No hollemos Sus atrios con nuestras propias imaginaciones e ideas. Apartemos de nosotros prejuicios doctrinales y argumentos teológicos y adorémosle como Creador y Rey.

Lo que Él ha revelado en Su palabra es inmensamente profundo. Y a través de Su palabra, El también puede revelarse a Sí mismo a nosotros si es que y cuando El así lo desee. Que El encuentre nuestra actitud reverente, nuestros corazones humildes y abiertos para recibir todo lo que El desee revelar.

Vamos a empezar con esta pregunta: Cuántos Dioses tenemos? Hay uno o hay tres? Leemos en la Biblia a cerca de Dios el Padre, a cerca de Su Hijo Jesucristo y a cerca del Espíritu Santo. Pero cómo debemos entender esto?

Las Escrituras declaran explícitamente que solo hay un Dios. Gal. 3:20 dice: “pero Dios es uno”. Stgo. 2:19 dice: “tú crees que Dios es uno. Bien haces”. 1 Cor. 8:4 confirma esto declarando: “no hay otro Dios sino uno”. Pero si hay solo un Dios, quién entonces, es Jesucristo y qué acerca del Espíritu Santo?

Ciertamente nunca entenderemos estas cosas mediante un análisis mental. El está más allá de nuestra comprensión. Es significativo que en Isaías 9:6 leemos que el nombre del Hijo de Dios se llamará “Admirable”. Me he enterado que esto significa en hebreo, “tan grande como para estar más allá de toda comprensión”. Verdaderamente, este es un misterio que no se puede descifrar sino que solo puede ser revelado.

Algunos están en peligro de generar, al hablar de este asunto, malentendidos, ya que utilizan frases y palabras extra-bíblicas para tratar de describir la naturaleza de Dios. Esto es peligroso ya que las palabras de la Biblia fueron cuidadosamente escogidas por los autores para expresar exactamente lo que Dios estaba tratando de decir.

Cuando alguien usa palabras que no existen en la Biblia, entonces, y tienen que definir lo que quiere decir con estas palabras. Así, siguiendo esta práctica, se introduce el reino de la mente. Se termina tratando de dar con el significado exacto de sus nuevas palabras a partir de definiciones humanos. Así que terminan tratando de explicar a Dios, y que, de hecho, mucho más allá de la explicación o definición. La mente humana no puede comprender a Dios.

Otros han tratado de convertir a Dios en diferentes fases o “modos” imaginando que El se mueve o se ha movido de uno al otro. Suponen que ahora no existe más el Padre sino que El ha “llegado a ser” el Hijo.

Todavía otros equivocadamente han asignado diferentes “personalidades” al Padre, al Espíritu Santo y a Jesús. Para ellos el Padre es un tanto rígido, estricto y distante. Por otro lado piensan que Jesús es mucho más accesible y amoroso y tal vez nos protege de las actitudes duras, censuradoras del Padre. El Espíritu Santo se imaginan que tiene aún otras características, quizás como sobrevolando como una paloma, el cual viene sobre nosotros de vez en cuando para darnos sensaciones buenas o hacer algún tipo de milagro.

En la práctica, me temo que gran parte de la iglesia evangélica de hoy tiene tres dioses. Aunque nadie lo admite, y la verdad. Tal vez no en la doctrina, pero en la mente de muchos creyentes, existe la idea de tres individuos diferentes. Ellos están confundidos acerca de "para quién "deben orar”, pidiendo, “y el derecho a orar al Padre o Jesús?" En sus conceptos, hay tres sus personas diferentes en el cielo con tres personalidades diferentes.

Estos y muchos otros conceptos han sido propagados desde la muerte de Cristo como medios para “explicar” este misterio. Pero todas estas ideas erróneas son simplemente el producto de la mente humana tratando de entender a Dios.

Cuánto necesitamos humillarnos delante de Él para que podamos recibir la revelación de El mismo, la cual solo Él puede dar. Supliquemos a Dios juntos pidiendo un “espíritu de sabiduría y revelación” (Ef. 1:7) de El para que nosotros también veamos lo que los primeros apóstoles vieron.

EL PADRE INVISIBLE

p class="text-left">Comencemos nuestra investigación aquí hablando a cerca de Dios nuestro Padre. Mientras que meditamos en Su santa palabra un hecho queda claro. Un aspecto de Su persona se revela más allá de toda duda. Y es que El es invisible. Col. 1:15 enseña que Jesús es la imagen del “Dios invisible”.

Este es exactamente el caso, tenemos un Padre celestial quien es invisible. Heb. 11:27 confirma esto cuando habla a cerca de Moisés así que huía de Egipto diciendo que él “se sostuvo como viendo a Aquel que es invisible”. Jesús mismo nos muestra que este “Dios invisible” es en realidad el Padre cuando dice: “no que alguno haya visto al Padre” (Jn. 6:46).

Obviamente, la gente ha visto al Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Pero es completamente claro aquí que ninguno ha visto al Padre. Y por qué es esto? Es porque El es invisible y por lo tanto es imposible que alguno lo vea. En Jn. 1:18 leemos que Jesús dice claramente: “Ninguno ha visto a Dios jamás”. Esta frase se repite de modo que no pueda haber duda en 1 Jn. 4:12 donde leemos de nuevo: “Ninguno ha visto a Dios jamás”. Ninguno ha visto jamás a Dios el Padre. Esto lo aclara abundantemente el Nuevo Testamento. Otra vez, la razón por la que ninguno jamás lo ha visto es que El es invisible y consecuentemente imposible de ver. Aunque este puede no ser su concepto, es muy bíblico y verdadero.

No solo ninguno ha visto jamás a Dios el Padre, sino que ninguno jamás lo verá. Este también es un hecho bíblico. 1 Tim. 6:16 manifiesta para nuestro beneficio que Dios mora: “en luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto o puede ver”. Ninguno jamás ha visto a Dios y más aún, ninguno jamás puede ver a Dios. Sencillamente la razón es que El es invisible, por lo tanto, es imposible verlo.

Algunos pueden tener la idea que, aunque Dios por cierto es invisible hoy, algún día en el futuro, El va a cambiar y hacerse visible para que todos lo vean. Esta es una idea errónea. Además de los versículos que ya hemos leído, 1 Tim. 1:17 enseña que nuestro Rey es “eterno, inmortal” e “invisible”. Estos tres aspectos de Dios son lo que El es. No son estados temporales de ser.

Cuándo cesará Dios de ser invisible? Cuándo podremos finalmente verlo? Dios cesará de ser invisible solo cuando El no sea más inmortal o eterno. Obviamente, nuestro Dios siempre ha sido y siempre será inmortal. El siempre ha sido y siempre será inmortal. El siempre ha sido y siempre será eterno. De la misma manera, El siempre ha sido y siempre será invisible. Esto significa que usted no puede verlo y nunca será capaz de verlo.

Sin duda, algunos estarán un poco confundidos acerca de esto, quizás recordando varios pasajes tal como en Hechos 7:55,56 donde Esteban cuando estaba siendo apedreado, “miró al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús en pié a la diestra de Dios”. Pero por favor noten aquí que nuestro hermano Esteban vio “la gloria de Dios” mas no el rostro o la forma de Dios.

Esta revelación de la gloria de Dios se repite en Hebreos 1:3 donde leemos que Jesús “se sentó a la diestra de la majestad en las alturas”. Ver la “gloria” o la “majestad” es una cosa, ver la forma o la persona del Padre es otra. Se declara en Su palabra que El mora en “luz inaccesible”. Quizás algunos han visto esta luz o gloria pero ninguno jamás ha visto o verá su rostro. Por las Escrituras que ya hemos revisado podemos estar totalmente seguros que ni Esteban ni ningún otro vio al Padre “en persona”.

Escribiendo mucho tiempo después del hecho de la muerte de Esteban, ambos, Pablo y Juan afirmaron claramente que ninguno jamás ha visto o puede ver a Dios. Ya que las Escrituras nunca se contradicen unas a otras, es seguro que lo que hemos manifestado aquí es absolutamente cierto. La frase “sentado a la diestra” de un rey, o en este caso de Dios, es una expresión que indica que la persona comparte el poder y la autoridad. Ciertamente, Jesús es “el poder de Dios” (1 Cor. 1:24) y tiene “toda autoridad” (Mt. 28:18) de parte del Padre.

Una vez más, les suplico, no trate de entender todo esto con su mente e inteligencia. La comprensión que Dios tiene para nosotros nunca vendrá de esta manera. La revelación de Dios no es a través de la mente, sino en el espíritu. Lo que necesitamos no es información sino revelación. Nunca en absoluto entenderemos hasta que nos sea revelado. Por lo tanto, entremos juntos a la presencia de Dios para recibir todo lo que El tiene para darnos.

DIOS REVELADO

Como hemos manifestado, aún cuando el Padre es invisible, El de hecho revela y se ha revelado a Sí mismo. Desde el comienzo de los tiempos, Dios se ha estado expresando a Sí mismo al universo. Cuando Dios se descubre, o se revela a Sí mismo, esto es lo que se llama Su “imagen”. Por ejemplo, si usted fuera a ver mi fotografía, esto podría llamarse, una imagen mía. Sería una revelación mía o una expresión de mí mismo. Esta imagen le diría mucho acerca de mí.

Ahora por alguna razón que para nosotros seres humanos es muy difícil de entender, Dios ha llamado a esta “imagen” o revelación de Sí mismo “Mi Hijo”. De acuerdo a las Escrituras, el Hijo de Dios, Jesucristo, es “la imagen del Dios invisible” (Col. 1:15). Esto significa que el Hijo es nada menos que Dios revelado-Dios manifestado. Verificando este hecho, leemos en 2 Corintios 4:4 a cerca de: “Cristo, quien es la imagen de Dios”. Usted ve, cuando el Padre exhibe Su imagen- cuando El se muestra a Sí mismo de una manera que es perceptible- este es Su Hijo. Hebreos 1:3 clarifica aún más esta verdad. Hablando acerca del Hijo, leemos que El es: “el resplandor de Su gloria y la imagen expresa de Su persona”. La revelación de Dios y la expresión de Su imagen es Su Hijo.

Volviendo a Juan 1:18 leemos: “Ninguno ha visto a Dios jamás”. Pero, “el unigénito Hijo, quien está en el seno del Padre, El le ha declarado”. Ustedes ven, el Padre es invisible, pero el Hijo lo ha declarado. Él lo ha exhibido. Él lo ha revelado y mostrado. El Hijo de Dios ha manifestado, descubierto y proclamado al Padre. Esta “declaración” de Dios es el Hijo. Esto es verdaderamente algo maravilloso.

Cuando quiera y donde quiera que el Padre se revele a Sí mismo, esto es lo que Él llama “Su Hijo”. En realidad, nosotros vamos a ver a Dios el Padre algún día. Apocalipsis 22:4 dice: “y verán Su rostro”. Pero donde lo veremos a Él? Veremos “la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Cor. 4:6). Este es el único lugar donde El es y será revelado.

No solo esto, pero el Hijo de Dios es la total manifestación de Dios. Esto quiere decir que fuera del Hijo, el Padre no se revela a Si mismo, sino que en el Hijo está la totalidad de la revelación. Colosenses 2:9 dice que en El, “habita corporalmente toda la plenitud de la deidad”. Otra vez en Colosenses 1:19 leemos: “Por cuanto agradó al Padre que en El habitase toda la plenitud”.

Por lo tanto, para conocer a Dios o verle y entenderle, hay solo un lugar donde ver, Su Hijo. Si estamos deseando una comprensión del Padre o si simplemente quisiéramos ver cómo es El, solo necesitamos ver a Jesús. Verdaderamente, en El Dios se manifiesta.

Esta es la razón por la que es imposible que alguno venga a Dios aparte de Jesús. El es el camino, la verdad y la Vida y ninguno viene al Padre excepto a través de Él (Jn. 14:6). Jesús es la sin igual expresión de Dios. El Hijo es el único lugar en que el Padre es “exhibido”. Ninguno puede venir al Padre a menos que El se revele a ellos y el único lugar en el cual El es revelado es en el Hijo.

Jesús caminó en esta tierra con Sus discípulos por aproximadamente tres años y medio. Durante este tiempo, tuvieron amplia oportunidad para examinar Su carácter. Sin duda que ellos amaban Su naturaleza apacible. Disfrutaban de Su pureza, Su determinación, Su gran amor. Estoy seguro que cada día les trajo una nueva apreciación de Quien era y de lo que El era.

Sin embargo al pasar el tiempo, algunos de ellos tuvieron curiosidad. Si Jesús era tan maravilloso, cómo sería el Padre? De modo que un día Felipe vino a Él y dijo algo así como: “Jesús, tu eres realmente grande y te apreciamos muchísimo, pero podrías por favor solo mostrarnos un pequeño atisbo del Padre?” Jesús se alarmó bastante por esta petición y respondió diciendo: “He estado con ustedes tanto tiempo, y sin embargo no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre; de modo que cómo puedes decir, muéstranos al Padre?” (Jn. 14:8,9). Y en otro lugar afirma: “Yo y mi Padre somos uno” (Jn. 10:30).

Qué hay en cuanto a usted? Usted también ha “estado con El” largo tiempo, pero realmente aún no lo conoce? Quizás usted ha sido cristiano por muchos años, sin embargo realmente no se da cuenta Quien es El? Nuestro Señor Jesús es verdaderamente la imagen del Dios invisible. El no es alguna “personalidad” diferente. El es la manifestación perfecta y completa del Padre. Todos los atributos del Padre se revelan en el Hijo.

Por ejemplo, sabemos que Jesús era amoroso. Sin embargo no era Su propio amor que El expresaba sino el amor del Padre que se revelaba a través de Él. La Biblia claramente dice que era el “amor de Dios el cual estaba en Cristo Jesús (Rom. 8:39). La paciencia de Jesús, Su preocupación cuidadosa, Su autoridad, Su delicadeza, Su santidad, Su pureza, Su celo-todo esto fue solo una manifestación del Padre. Sus palabras y acciones no eran las Suyas propias, sino eran simplemente una exhibición de la Vida del Padre (Jn. 14:10).

Cuando El hablaba, era la autoridad del Padre la que se oía. Cuando El obraba milagros, era el poder del Padre el que se veía. Aún las expresiones del rostro de Jesús eran una manifestación del corazón del Padre. El Padre no es alguna “personalidad” diferente. Este es un gran error. Si pensamos así eso muestra que realmente no conocemos quien es Jesús. El es por cierto la imagen exacta del Padre invisible. Verdaderamente “el que ha visto [a El], ha visto al Padre” (Jn. 14:9).

En el Nuevo Testamento es claro que Dios es invisible. También es abundantemente claro que ninguno lo ha visto. Sin embargo, cuando leemos a través del Antiguo Testamento, parece que muchos individuos y aún grupos de personas vieron a Dios.

Por ejemplo, Éxodo 24:9,10 dice: “Entonces Moisés subió, también Aarón, Nadab y Abiú y setenta de los ancianos de Israel, y vieron al Dios de Israel”. El profeta Amós dijo: “Vi al Señor” (Amós 9:1). Micaías, otro profeta, también dijo que él “vio al Señor” (2 Cr. 18:18). Isaías también declara que, “En el año que murió el Rey Usías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo” (Isaías 6:1).

A quién entonces vio esta gente? Jesús, Pablo y Juan, todos enfáticamente declararon que ninguno había visto jamás a Dios y que El es invisible. Sin embargo estos individuos obviamente vieron a Alguien, a quien ellos identificaron como Dios. Cómo puede ser esto? La única explicación debe ser que ellos vieron a Dios “revelado”. Ellos vieron al Hijo de Dios. Mucho antes que fuera conocido como Jesucristo, Dios ya se estaba revelando así mismo en Su Hijo. Es este hijo que era y es “el Dios de Israel”.

LA PALABRA DE DIOS

Una de las maneras principales cómo es posible que alguien se revele a sí mismo es hablando. De hecho, sin habla, es muy difícil comunicar alguna cosa a alguno. Recuerdo muy claramente viniendo al Brasil por primera vez. Yo no hablaba ni una palabra de Portugués, yo sonreía mucho y movía la cabeza afirmativamente, pero una real comunicación era imposible con aquellos que no hablaban Inglés.

Nuestras palabras son la esencia misma de nuestra propia expresión. Sin ellas, nuestra habilidad para expresarnos es en extremo truncada. Un artista se expresa a sí mismo a través de sus creaciones, pero ésta también es una muy limitada expresión de todo lo que está en su corazón. Es a través de nuestras palabras que revelamos nuestros planes y propósitos y también los pensamientos más profundos de nuestro corazón.

De la misma manera, Dios habla y se expresa a Sí mismo a través de palabras. Ya que Sus palabras son una revelación de Si mismo, ellas también son su Hijo. Es muy claro que Jesucristo es “la palabra de Dios” (Jn. 1:1). El es la suma de todo lo que Dios habla, tanto al hombre como al universo en su totalidad.

Hebreos 1:2 nos enseña que fue a través del Hijo, que Dios creó el universo. Pero cómo Dios realizó esta creación? El habló. El se reveló así mismo en habla, hablando trajo a la existencia todo lo que El deseó. Como hemos visto, esta manifestación de Si mismo es Su Hijo.

También, el Hijo es “Aquel” que está manteniendo junta toda la creación hoy. Leemos en Colosenses 1:17 que es en El que “todas las cosas subsisten”. Hebreos 1:3 dice que Dios está sosteniendo todas las cosas por la Palabra de Su poder. Juntando estos dos versículos vemos que el Hijo de Dios es por cierto la “palabra de Su poder”.

Quizás esto pueda resolver para algunos de ustedes eruditos de la Biblia un dilema teológico que ha desconcertado a muchos por años. La Biblia manifiesta claramente que Jesús fue el “primogénito de toda creación”. Aunque algunas traducciones han tratado de “ayudarnos” a entender poniendo esto como el “primogénito sobre toda creación”, a menos que tengamos mucha imaginación esta traducción tendría muy poco significado en el idioma Inglés*

El problema de los eruditos es que la palabra de Dios también indica que esta “Palabra”, quien es el Hijo, ha existido siempre. El estaba claramente “en el principio….con Dios” (Jn. 1:1). Por lo tanto, cómo es posible que “nació” en algún período en el tiempo y que en ese “nacimiento” el Padre dijo: “Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy” (Heb. 1:5)? Si realmente estuvo “en el principio con Dios”, cómo podía El haber “nacido”?

La palabra de Dios, la expresión de Sí mismo, ha estado siempre con El. En el “pasado de la eternidad”, antes que cualquier cosa fuera creada, esta Palabra-Su Hijo- estaba en el “seno del Padre” (Jn. 1:18). Por ejemplo este mensaje que estoy escribiendo ha estado en mi corazón por años. No es algo que se me está ocurriendo así que escribo, sino que ha estado esperando dentro de mí hasta el momento cuando finalmente me sentara e hiciera el trabajo. Así también, la Palabra de Dios estuvo siempre con El, aún desde “el principio”.

Ustedes ven, hubo un “tiempo” antes del tiempo, cuando Dios nunca había hablado. Nunca se había revelado a Sí mismo en manera alguna. Pero El decidió en Su corazón comenzar una maravillosa creación y usando esta creación como base, echó a andar el plan glorioso de asegurarse una novia.

Para hacer esta creación, Dios habló por “primera vez”. El “dijo” y fue (Sal. 33:9). Así es cómo el universo fue creado, a través de Su Palabra (Heb. 11:3).Cuando El habló la Palabra que siempre había estado en El, salió de Él, “nació “por así decirlo. Y Dios dijo de esta palabra que salió: “Tu eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy”. Recordando que Jesús es también “la sabiduría de Dios” (1 Cor. 1:24), tome un tiempo para revisar Proverbios 8:22-31 que da una figura muy clara de esta verdad.

Posiblemente esto “explicará” también a aquellos que podrían preguntarse a cerca de esto, cómo Jesús podía decir, “Mi Padre es más grande que Yo” (Jn. 14:28). Dado que sabemos que Jesús es Dios (1 Jn. 5:20) y que el Padre es Dios, cómo puede ser uno más grande que el otro? La revelación del Hijo como la imagen del Padre debiera ayudarnos aquí.

Por ejemplo: lo que sea que yo diga o haga, es una expresión de mi mismo. Ciertamente “soy yo” mismo de una manera muy real. Sin embargo yo soy y seré siempre “más grande” que mi expresión. La totalidad de quien soy yo quizás nunca será plenamente expresada. Así aún cuando yo me revelo a mí mismo de muchas maneras y esta revelación es exactamente quién soy yo, yo siempre seré “más grande” que cualquier imagen de mí mismo que es revelada. De esta manera, el Hijo podía decir, “el Padre es más grande que yo” sin embargo aún podía ser completa y totalmente Dios.

LA ENCARNACION

Lo que hemos estado tratando aquí es verdaderamente un misterio. No es algo que puede ser comprendido lógicamente sino que debe ser revelado. Pero hay también algo más profundo en este misterio. Este Hijo de Dios quien es la incomparable y plena revelación del Padre-el mismo que fue “en el principio con Dios”- llegó a ser un hombre y anduvo aquí en la tierra. Juan 1:14 dice: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y nosotros contemplamos Su gloria, la gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad.” Por medio de una mujer quien era una virgen, María, este eterno Hijo de Dios nació en este mundo físico. Esto es lo que llamamos la “encarnación”, el Hijo eterno recibiendo un cuerpo físico, humano.

Cómo fue esto posible, que la “plenitud de la Deidad” more en forma corpórea, es verdaderamente un gran misterio. Las Escrituras mismas declaran esto diciendo: “Grande es el misterio de la piedad. Dios fue manifestado en carne (Tim. 3:16). Para mí es demasiado profundo. No lo puedo entender. Sin embargo sé que es verdad. La incomparable expresión del Padre llegó a ser un ser humano y caminó en esta tierra.

Sin duda, esto también fue un paso necesario para llevar a cabo Su plan eterno. Como vimos en los primeros capítulos, Dios está proyectando entrar en una unión matrimonial con el hombre. Y para que este “matrimonio” ocurra, las partes de la boda (o sea aquellos que se están casando) deben ser semejantes. Deben ser el mismo tipo de ser.

Ya hemos tratado cómo es que Dios está preparando al hombre para esta santa unión. Primero El está impartiendo Su propia Vida eterna a aquellos que creen y luego a través de esta Vida está cambiando su naturaleza misma para ser como la Suya.

Pero por Su parte también ha habido un cierto “cambio”. La imagen del Dios invisible ha llegado a ser carne y sangre (Jn. 1:14). El ha tomado para Sí mismo la naturaleza de hombre, no solo para redimirnos sino también para que la unión matrimonial pudiera consumarse entre dos participantes que son lo mismo.

Ahora Dios puede estar en el hombre y el hombre en Dios, quienes juntos entrarán en una santa e íntima unión espiritual. Jesús no descartó Su cuerpo físico, sino que cuando fue resucitado, Su cuerpo fue glorificado. Así también en la resurrección de los muertos, nuestros cuerpos mortales serán glorificados para ser como el Suyo.

Quizás otra razón para la encarnación fue el deseo del Padre de ser conocido de una manera que fue mucho más fácil de entender para nosotros que estamos atados a la tierra. Antes que el Hijo llegar a ser el “Hijo del Hombre”, Dios era una figura distante, Alguien a quien la mayoría consideraba ser muy inaccesible. El estaba muy lejos en el cielo y el hombre estaba aquí en la tierra. Pero para demostrar Su gran amor por el hombre, El nos envió a Jesús .De esta manera, todo lo que Dios es llegó a ser más “conocible” y accesible. Las Escrituras dicen que los primeros apóstoles aún “palparon” con sus manos a la palabra de Vida (1 Jn. 1:1). Vieron Su carácter. Conocieron Su gracia. Contemplaron Su gloria (Jn. 1:14). Todo lo que el Padre era, fue manifestado a ellos en la Persona del Hijo encarnado. De esta manera, era y es posible conocer a Dios de una manera más personal y real. A través del Hijo, todo lo que el Padre es se revela a nosotros.

Todavía otra razón para la encarnación del Hijo fue la necesidad de un sacrificio. Debido al pecado del hombre, el plan de Dios evidentemente había sido frustrado. La posibilidad que tenía el hombre de recibir la Vida santa de Dios fue completamente retirada cuando Adán y Eva entraron en el pecado.

Como hemos visto, a los ojos de Dios, sólo la muerte podría quitar esta mancha. Y así nuestro Padre amante envió a Su Hijo a morir como un substituto por nosotros. Para esto, era necesario un cuerpo humano.

Como hemos visto, la Vida eterna no puede morir, de modo que el Hijo también necesitaba recibir una vida humana juntamente con un cuerpo físico. Habiendo sido encarnado como hombre, podía entonces ofrecerse a Sí mismo por nuestros pecados. Esto también es parte del increíble plan de Dios.

LA PALABRA DE VIDA

Esta creación en la que vivimos fue traída a la existencia por la Palabra del Padre. El habló y existió. Sin embargo, esta creación no es la única creación que Dios ha hecho. El ya ha comenzado una nueva creación (2 Cor. 5:17). Esta obra también ha sido y está siendo hecha a través de Su Hijo, y dentro de aquellos que reciben esta Palabra ocurre algo maravilloso. En ellos ha comenzado una nueva creación.

La Palabra Viviente, entrando en un ser humano, comienza esta obra. Y es esta misma Palabra siendo escuchada y recibida cada día, la que está haciendo que esta nueva creación crezca y se expanda. Día a día, así que estamos en comunión con Dios y “oímos” y obedecemos Su palabra, algo nuevo e increíble está ocurriendo dentro de nuestro ser. Dios está hablando a nuestro interior, y a través de esta comunicación, El está haciendo una nueva obra creativa.

Aunque este trabajo está siendo hecho en secreto, o sea que está oculto dentro de nuestros cuerpos viejos, es muy real. Algún día cuando Jesús venga por nosotros, todo lo que ha sido creado nuevamente dentro de nosotros, será revelado. Este “vaso de barro” (2 Cor. 4:7) se partirá y la gloria de Dios brotará en abundancia. El glorioso carácter y la naturaleza de Jesús entonces serán exhibidos a través de nosotros para que todo el universo vea. 2 Tesalonicenses 1:10 habla de “cuando venga en aquel día para ser glorificado en Sus santos y ser admirado en todos aquellos que creen”.

Por lo tanto cuán importante es para nosotros estar continuamente abiertos para recibir más de la palabra viviente de Dios. Cuanto más penetra Su palabra en nuestros corazones, tanto más Su nueva creación crece dentro de nosotros. No solo es importante que nosotros leamos la Biblia, sino que es esencial que nosotros “oigamos” la voz de nuestro Salvador hablándonos a través de sus páginas. No solo es esencial que tengamos comunión con Dios, sino a través de esta comunión permitir que Su palabra haga Su obra dentro de nosotros. La palabra viviente, esta Persona que es la manifestación de todo lo que Dios es, está hablando, trayendo a la existencia una creación santa y justa. Cuanto más dispuestos y preparados estemos para recibir esta palabra, tanto más seremos cambiados a Su imagen.

DEL ESPIRITO SANTO

Aunque no es el tema de este escrito, quizás sería bueno decir unas pocas palabras a cerca del Espíritu Santo. Como mencionamos al comienzo de este capítulo, mucha gente tiene conceptos equivocados a cerca del Espíritu, incluyendo la idea que El tiene una personalidad diferente sea del Padre o de Jesucristo. Para investigar esto más ampliamente, volvamos atrás unos pocos capítulos a nuestra consideración del hombre. Allí aprendimos que tenemos un cuerpo, un alma y un espíritu. Este espíritu que tenemos no es un individuo o personalidad aparte de nosotros. Es nuestro espíritu humano. De la misma manera, el Espíritu de Dios no es un ser separado con su propia personalidad, sino simplemente el Espíritu de Dios.

Cuando Pablo habló, por ejemplo: "... Cuando ustedes se reúnan, y en espíritu yo esté con ustedes, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, y con su poder...” (1 Cor. 5:4) ciertamente, "el espíritu" del Pablo, que estaba con los hermanos, no era otro individuo distinto de Pablo con otra personalidad. Del mismo modo, el Espíritu de Dios no es un ser con diferente personalidad. Y simplemente el Espíritu de Dios.

Fin del Capítulo 13

Use los siguientes hipervínculos para leer otros capítulos

Capítulo 1: El Amor de Dios

Capítulo 2: La oferta de la vida

Capítulo 3: Los dos árboles

Capítulo 4: Las dos naturalezas

Capítulo 5: La sentencia de muerte

Capítulo 6: La salvación del alma

Capítulo 7: El Tribunal de Cristo

Capítulo 8: Montañas y valles

Capítulo 9: La Sangre del pacto

Capítulo 10: Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

Capítulo 11: Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

Capítulo 12: Por gracia a través de la fe


Capítulo 14: La Esperanza de gloria