Ministerio Grano de Trigo

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Deja ir a mi Pueblo


UNA PUBLICACIÓN DE MINISTERIO “GRANO DE TRIGO”

Escrito por David W. Dyer

ÍNDICE

Capítulo 1:Una visión celestial

Capítulo 2:La sustancia de la Iglesia

Capítulo 3:La forma de la Iglesia

Capítulo 4:Donde Dios habita

Capítulo 5:Liderazgo en la Iglesia

Capítulo 6:¡Deja ir a mi Pueblo!

Capítulo 7:La unidad de la Iglesia

Capítulo 8:Compromiso

Capítulo 9:Reuniones de la verdadera Iglesia

Capítulo 10:Viviendo en amor

Capítulo 11:Cosas que destruyen

Capítulo 12:Edificar sobre la Fundación

Epílogo


Capítulo 2
La sustancia de la Iglesia

"Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras éste dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre" (Gén 2:21,22).

Cuando nos convertimos y comenzamos a pensar en trabajar juntos con Dios para alcanzar Sus propósitos eternos, primero necesitamos recibir una revelación de Él. Necesitamos gastar tiempo en Su santa presencia. Necesitamos subir al santo monte de Dios. Es allá que percibimos lo que está en Su corazón y comprendemos lo que debemos edificar y cómo hacerlo. Sin esta revelación, es posible y hasta bien probable que mucho de nuestro tiempo y energía se pierdan edificando algo que Él no desea.

Una de las cosas sobre las cuales debemos tener certeza cuando comenzamos a edificar es sobre el tipo de materiales que debemos usar. Cuando estamos edificando la morada del Dios eterno, hay normas específicas que necesitamos seguir con respecto a los materiales empleados. No tenemos la libertad de usar cualquier tipo de elementos que consideremos apropiados. Si queremos satisfacer el corazón de Dios, necesitamos seguir cuidadosamente el proyecto divino.

Por un lado, podemos fácilmente edificar con materiales naturales. Las Escrituras se refieren a estas cosas como "madera, heno y hojarasca". Estos elementos son representativos de lo que un ser humano puede hacer por sí mismo. Por ejemplo, un hombre natural puede planear, organizar, administrar y usar sus talentos "dados por Dios" para ejercer su influencia sobre otras personas y hasta atraer seguidores.

Muchos hombres y mujeres pueden persuadir a otros sobre su "posición" en la iglesia. Pueden reclutar a otros para que se les unan. Pueden dar consejos, enseñar y hasta predicar sobre un gran número de asuntos. Pueden decir discursos interesantes, poderosos y muy emotivos. El hombre natural puede hacer estas y muchas otras cosas.

Ya que el hombre natural puede hacer todas estas cosas, es fácil que las hagamos cuando comenzamos a trabajar para Dios. Especialmente si tenemos habilidades en algunas de estas áreas, es natural que pensemos que podemos usar nuestros recursos para ayudar a edificar la casa de Dios. Pero si el origen de estas cosas es terrenal y humano, en realidad son solo madera, heno y hojarasca. No importa cuán impresionante sea la estructura que estemos edificando. Lo que cuenta es el tipo de materiales que utilizamos en la edificación.

Las Escrituras también mencionan otros tipos de materiales de construcción: oro, plata y piedras preciosas. Estos artículos representan materiales de origen divino. Estos artículos no son las obras que los hombres hacen para Dios, sino obras que Dios mismo hace a través de los hombres. Cuando estamos edificando con materiales divinos, ya no somos nosotros quienes hacemos la obra, sino Dios que vive y se mueve por medio de nosotros para cumplir Sus propósitos.

Muchos hombres tienen habilidades. Algunos pueden construir un cobertizo o una casa. Otros posiblemente podrían construir un avión. Otros más son capaces de diseñar y construir naves espaciales o supercomputadoras. Hay cosas realmente notables que los hombres han construido.

Pero todavía hay una cosa que el hombre no puede construir. No puede crear un ser viviente. Ningún hombre puede unir célula con célula, conectar las diversas células a los nervios, crear huesos y músculos, los diversos órganos especializados y, luego, hacer que todo respire y viva. Solo Dios puede dar la vida y hacer un ser vivo.

La casa de Dios, en la que Él habitará por la eternidad, es una casa viva. Nosotros, Su pueblo, somos las "piedras vivas" de esta casa (1 Pe 2:5). La casa de Dios no es una estructura estática y física como la que construiría un rey o presidente en la Tierra. En cambio, es una construcción que está viva con la Vida de Dios. Será un tabernáculo vivo, que respira y se mueve. Será un vaso en cual Él será visto y a través del cual vivirá, se moverá y se expresará al Universo.

Puesto que ningún hombre puede crear algo viviente, está claro que nosotros no podemos edificar nada para Dios por nuestra cuenta. Lo mejor que podemos hacer es trabajar junto con Él (1 Co 3:9). Si seguimos Su liderazgo momento a momento y confiamos plenamente en Su poder, Él podrá utilizarnos para edificar algo que le agrade.

Aunque hubiéramos recibido la revelación del producto terminado, no tendríamos la habilidad sobrenatural para crear aquello que hemos visto. Podemos recibir una visión divina. Podemos recibir un vistazo de Su casa eterna. Pero dependemos y siempre dependeremos completamente de Dios para hacer la obra en nosotros y por medio de nosotros. La revelación nunca nos hace capaces de hacer las cosas por nosotros mismos. En cambio, como los niños pequeños, necesitamos andar de la mano de nuestro Creador y cooperar con lo que Él está haciendo todos los días.

DIOS DESEA UNA NOVIA

Aprendemos de las Escrituras que nuestro Señor está edificando una novia para sí mismo (Ap 21:2). En el Antiguo Testamento, leyendo acerca de la creación de Adán y Eva, encontramos una imagen profética acerca de la futura esposa de Cristo. Aquí podemos entender bastante acerca de qué tipo de materiales quiere usar Dios. Se nos dice que Adán fue creado del "polvo de la tierra" (Gén 2:7). Estaba hecho de materiales comunes y terrenales.

Pero cuando su novia, Eva, fue formada, Dios usó algo diferente. Eva fue hecha de algo que salió del costado de Adán. No se agregó nada más. No se usó "polvo", ni madera, hojas ni piedras. Dios solo usó lo que había tomado del costado de Adán para crear a su novia. Esta antigua historia todavía nos habla hoy.

Así como Adán fue puesto a dormir, y Dios realizó la primera cirugía en él para extraer materiales para una novia, así también Jesús "se durmió" en la cruz. Allí, el asistente quirúrgico de Dios, el soldado romano, hizo una incisión en el costado de Jesús y algo muy precioso fluyó: sangre y agua (Jn 19:34). La sangre y el agua, que representan la vida derramada de Cristo, son las mismas sustancias que el Padre está usando hoy para edificar una novia, Su Iglesia. Al igual que en el caso de Eva, no se puede agregar nada terrenal. No se puede usar nada humano ni ningún otro ingrediente. Solo se puede usar la vida de Jesucristo para edificar a la novia que Su corazón desea.

LA VIDA DE DIOS

Dado que esta Vida es la sustancia que podemos usar para edificar adecuadamente la santa morada de Dios (de hecho, la única sustancia que puede usarse para esto), tal vez sería bueno que nos detuviéramos un momento aquí para investigar exactamente qué es esto. Aunque algunos lectores podrían estar familiarizados con este material, para muchos abordará un terreno muy nuevo e importante.

En el Nuevo Testamento, que fue escrito por primera vez en el idioma griego, encontramos al menos tres palabras griegas diferentes que se traducen como una única palabra en español: "vida". Evidentemente, los griegos tenían una especie de cultura filosófica con una comprensión más rica y amplia de la vida que la que tenemos hoy. Así que usaban varias palabras diferentes para expresar estas ideas.

Hay tres palabras griegas que mantendrán nuestra atención en este momento. Ellas son "BIOS", "PSUCHÊ" y "ZOÊ". Estas tres palabras se traducen como una palabra en español: "vida"; sin embargo, tienen significados claramente diferentes. Por lo tanto, es importante que conozcamos el significado de estas palabras y las diferenciemos a medida que leemos la Biblia. De esta manera, podremos tener una mejor comprensión de lo que la Biblia está diciendo. Por favor, acompáñenme a revisar los significados de estas tres palabras griegas.

La palabra BIOS parece acercarse más a lo que queremos decir en español cuando decimos "vida". Incluye ideas tales como la duración de nuestra vida, nuestro trabajo o sustento, nuestra conducta moral y nuestra vida biológica.

La palabra PSUCHÊ generalmente significa nuestra vida psicológica o la vida de nuestra alma. Esto incluye nuestra vida emocional y nuestra vida de pensamiento. De hecho, esta palabra a menudo se traduce como "alma" y se contrasta con nuestro espíritu en Hebreos 4:12, donde leemos que una de las funciones de la palabra de Dios es hacer una división limpia y definida entre nuestra alma (PSUCHÊ) y nuestro espíritu.

La palabra griega ZOÊ se usa con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento para referirse a un tipo de vida muy especial, la vida de Dios. Los escritores del Nuevo Testamento eligieron esta palabra griega para expresar algo supremamente exaltado: la Vida misma de Dios. Puesto que Él es el único ser eterno y no creado en el Universo, Su Vida es realmente algo especial.

Es exactamente esta Vida sobrenatural la que estaba en Jesucristo (Jn 1:4). Es esta Vida sin principio y sin fin la que fluyó de Su costado en el Calvario. Es esta Vida todopoderosa y triunfante la que Él le está dando gratuitamente a los que creen. Y es esta misma Vida genuina de Dios la que Él está usando para edificar Su Iglesia, Su novia. Ese es el único material aprobado con el que podemos edificar Su morada eterna.

OTROS MATERIALES

Así que, cuando comenzamos a colaborar con Dios y edificar Su morada, debemos usar el material apropiado. Debemos edificar con Su Vida ZOÊ. Debemos usar esta y solo esta sustancia divina. No se puede añadir nada más. Las cosas terrenales o humanas no se pueden usar. Esto significa que nuestras habilidades naturales están excluidas.

Por ejemplo, necesitamos dejar a un lado nuestra capacidad para lograr que las personas nos sigan. Nuestro don para influir en los demás y persuadirlos a hacer lo que queremos que se haga también debe descartarse. Nuestra personalidad carismática, que tantas veces hemos utilizado para encantar a los demás y atraerlos a nuestro trabajo, se rechazará. Nuestras formas de manipular políticamente a los demás, nuestras técnicas para parecer amigos de todos y así atraerlos a nuestro grupo y la presencia dominante que hemos utilizado para impresionar a las personas son cosas que deben desecharse. Más que esto, debemos descartar nuestro conocimiento y las cosas que hemos aprendido acerca de "cómo" edificar un grupo o una "iglesia".

¿Por qué se rechazan estas cosas? Es porque tienen su origen en el alma. Son una expresión de nuestra vida BIOS o PSUCHÊ y no una revelación de la Vida ZOÊ de Dios. Ya que nuestros talentos y nuestras habilidades son una expresión de nuestra vida natural, no pueden producir ningún resultado sobrenatural.

Cuando deseamos trabajar juntos con Dios y edificar Su casa eterna, primero debemos humillarnos y vaciarnos de todas nuestras ideas y nuestros planes preconcebidos. Debemos dejar a un lado lo que hemos aprendido de otras construcciones meramente humanas. De hecho, debemos arrepentirnos de todo lo que hemos estado haciendo, que han sido solo esfuerzos terrenales y naturales. Entonces, debemos aprender a edificar de acuerdo con Su plan celestial. Como hemos estado viendo, un aspecto esencial de este plan es que no se pueden usar otros materiales además de lo que Él nos ha proporcionado, que es Su propia Vida sobrenatural.

Puede ser que algunos argumenten que, dado que Dios nos hizo de cierta manera, con ciertas aptitudes y talentos, seguramente querría que usáramos estas habilidades naturales para Su gloria. Sin embargo, este no es el caso. Nada natural se puede usar en Su construcción. Él no vivirá en un templo hecho con nuestras manos, no importa cuán talentoso se imagine usted que es. Su construcción de madera, heno y hojarasca puede ser impresionante, pero no es la casa de Dios.

La pregunta aquí no es si tenemos o no habilidades, sino más bien ¿quién tiene el control de estas habilidades? ¿Quién está realmente haciendo el trabajo? ¿Es verdaderamente Dios o es el hombre natural tratando de trabajar para Dios? ¿Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para trabajar para Él o Él se está moviendo y está fluyendo a través de nosotros?

Nada natural dentro de nosotros puede ser usado por Él hasta que haya sido completamente quebrantado por Su mano. Nuestra confianza en nosotros mismos y en nuestra capacidad para hacer las cosas debe desaparecer totalmente. Nuestras capacidades y calificaciones personales no son de utilidad para Dios, mientras estén bajo el control del hombre natural. Mientras se exprese nuestra vida natural, el resultado solo puede ser algo combustible.

Pablo, el apóstol, antes de su conversión, era un fuerte hombre natural. Tenía muchas habilidades humanas. Así que Dios tuvo que trabajar en su vida para quebrantar su confianza en sí mismo. Después de años de experiencia siguiendo a Cristo, pudo escribir: "Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Co 12:10). Y de nuevo: "Y también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros" (2 Co 13:4). Él cita, para nuestro beneficio, lo que Jesús le había enseñado: "Mi poder se perfecciona en la debilidad [humana]" (2 Co 12:9). Dios llevó a Pablo al lugar donde ya no tenía "confianza en la [su] carne" (Flp 3:3). Las capacidades humanas se interponen en el camino de Dios, pero Él se glorifica en las debilidades humanas, porque encuentra una manera de exhibir Su poder.

OTROS TIPOS DE ANIMALES

Antes de que Dios hiciera una novia para Adán, Él y Adán examinaron a todos los animales y Adán fue dándoles nombres. Pero, cuando leemos ese pasaje cuidadosamente, en Génesis 2:18-20, vemos que aquella no fue solo una sesión para darles nombres a animales. Dios y Adán estaban buscando algo específico. Estaban buscando una novia para Adán (v. 20). Pero no encontraron ninguna.

Aunque estas aves y estos animales eran sin duda graciosos, felpudos, amigables y atractivos, cada uno a su manera, ellos no tenían el mismo tipo de esencia que Adán tenía. No tenían el mimo tipo de vida que él. Por lo tanto, ninguno de ellos era apto para ser su esposa. Fueron rechazados. De la misma manera, Dios solo puede casarse con alguien que tenga la misma Vida y la misma naturaleza que Él. Esto significa que, al igual que en el caso de Adán y Eva, la novia de Dios debe ser edificada con aquello que sale de Su costado.

Tal vez, la congregación que usted ha formado sea exitosa. Puede ser que su trabajo atraiga a muchas personas. Posiblemente, muchas personas asistan a sus programas diferenciados para jóvenes, solteros, parejas, etc. Puede ser que sus habilidades (o las de su pareja) en organización y gerencia sean increíbles, y esté alcanzando sus metas.

Tal vez sus logros aparentes estén atrayendo la atención de los otros, y su "ministerio" esté expandiéndose rápidamente. Es posible que usted se haya unido recientemente a un movimiento "cristiano" muy popular y, tal vez por eso, su “iglesia" esté creciendo muy rápidamente. Tal vez, usted esté ganando fama o hasta una audiencia internacional.

En todas esas situaciones, hay una cuestión importante que necesita respuesta. ¿Todo eso es un producto de la Vida divina o es fruto de la habilidad y la ambición humanas? ¿Es un producto de lo que fluye del costado de Jesús o algo natural y terrenal, vestido con palabras y frases cristianas? ¿Lo que usted está edificando es realmente la novia de Cristo o es solo algún otro tipo de animal lindo y peludo? O, peor aún, ¿es algún tipo de monstruosidad religiosa? Solo un tipo de obra resistirá la prueba del día del juicio. Las demás se quemarán (1 Co 3:15).

Yo no soy el juez de su obra para Dios. Es Él quien analizará lo que todos hacemos. Cada uno de nosotros estará delante del trono de Dios, presentando todas nuestras obras y, entonces, Él ejercerá su juicio sobre ellas. Con esto en mente, se nos exhorta a examinar cuidadosamente nosotros mismos nuestra propia obra a la luz de Dios (Gál 6:4).

Mi trabajo, como su hermano en Cristo, no es aprobar o condenar lo que usted está haciendo en el nombre de Jesús. Es solo compartir con usted las cosas que Él me ha mostrado y estimularlo, en el temor a Dios, a oír lo que Él puede estarle diciendo a usted, para que le responda con todo su corazón.

LA VERDADERA CASA DE DIOS

La verdadera casa de Dios se edifica por la ministración de Vida ZOÊ, que fluye hacia nosotros y a través de nosotros por el Espíritu Santo. Estamos siendo transformados en morada de Dios a través del Espíritu (Ef 2:22). Es "...el Espíritu de vida [ZOÊ] en Cristo Jesús" (Rom 8:2) el que está haciendo la obra en nosotros y por medio de nosotros. Esta no es una obra que el hombre natural pueda hacer. No hay nada dentro de nosotros, aparte de la ministración de la Vida por el Espíritu Santo, que pueda servir en la edificación.

Por lo tanto, es esencial que cada cristiano sepa distinguir si está en el Espíritu o si está simplemente actuando con su alma. Es necesario ser capaz de discernir cuándo se está actuando y hablando por el flujo de la Vida divina o cuando está actuando algo natural. Necesitamos desesperadamente discernir lo que viene de lo alto y lo que viene de la Tierra.

La clave aquí es que la nueva Vida de Dios vive en nuestro espíritu humano. El Espíritu Santo se unió a nuestro espíritu y los dos espíritus se tornaron uno (1 Co 6:17). Por lo tanto, lo que está fluyendo hacia nosotros desde nuestro espíritu viene de Dios. Por otro lado, lo que viene de nuestra alma es natural, terrenal y rechazado por no ser útil para la edificación del santo templo de Dios.

¡Cómo necesitamos nosotros, el pueblo de Dios, experimentar la separación entre nuestra alma y nuestro espíritu (Heb 4:12)! ¡Cuán desesperada es la necesidad, en esta hora, de saber cuándo nuestra alma actúa para Dios y cuándo es realmente Dios quien actúa a través de nosotros! Este asunto de distinguir entre el alma y el espíritu es profundo.

No hay espacio en este libro para analizar estas cosas con gran detalle. Pero yo quiero invitar a todos los lectores a dedicar un tiempo para revisar dos capítulos de mi libro "De gloria en gloria". Estos dos capítulos, 10 y 11, sobre la separación entre alma y espíritu, pueden ser de gran ayuda para comprender este asunto esencial.

LA MENTE HUMANA

Entretanto, hay dos aspectos del alma que necesitan examinarse más detalladamente, ya que ellos entran muy fácilmente en nuestros proyectos de edificación para Dios.

En primer lugar, hablaremos de nuestra mente. La mente forma parte de nuestra alma. Cuando nuestra mente está bajo el control del Espíritu, encontramos el fluir de la vida y la paz de ZOÊ (Rom 8:6). Pero cuando nuestra mente está siendo motivada por la carne, esto significa que la vida del alma está llenando nuestra mente y fluyendo en ella, y el resultado es la muerte.

A menudo, el uso carnal de nuestra mente es el resultado de actuar de acuerdo con nuestro conocimiento acumulado. Muchos cristianos, tal vez sin darse cuenta, han "aprendido" cómo actuar como cristianos. Tienen experiencia en qué decir y hacer y cómo actuar en diversas situaciones. Tal vez han sido entrenados en alguna escuela o por otros sobre cómo vivir y actuar en un ambiente cristiano. Es posible que piensen que saben cómo edificar una iglesia o grupo y están ocupados implementando lo que han aprendido entre su círculo de conocidos cristianos.

Por ejemplo: puede ser que ellos tengan una cierta manera de orar que piensen que "produce resultados". Posiblemente piensan que saben la manera cierta de expulsar demonios. Es posible que hayan aprendido una manera especial de predicar, usando varios tonos de voz y gestos dramáticos como si se tratara de una obra de teatro. Esa y muchas otras cosas similares se usan frecuentemente en la Iglesia del Señor.

Por lo tanto, están tratando de edificar la casa de Dios con materiales terrenales y carnales. Están usando la sabiduría natural de la mente humana. Esto tal vez debería recordarnos las palabras de Pablo cuando dice: "Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debería saberlo" (1 Co 8:2). Lo que realmente necesitamos saber es cómo edificar con y por el Espíritu Santo que nos transmite la Vida de Dios.

¿Recuerda el jardín del Edén? Había un árbol allí llamado "el árbol del conocimiento del bien y del mal". Este árbol estaba lleno de conocimiento. Tal vez deberíamos ampliar un poco nuestra comprensión de esta verdad para ver que representa mucho más que simplemente el conocimiento del mal. Debemos saber que este árbol también transmite "buen" conocimiento.

Este árbol estaba y está lleno de todo tipo de conocimiento y sabiduría buenos, humanos y terrenales. Este "buen" conocimiento incluye el conocimiento de: cómo edificar una iglesia, cómo aconsejar a las personas en esta o aquella situación, cómo organizar varios ministerios de la iglesia, cómo hacer esto o aquello de una manera "cristiana" y mucho, mucho más.

El resultado de comer el fruto de este árbol fue la muerte. Lo mismo es cierto también hoy. Sí, la mente usada por el hombre natural produce la muerte. La mente humana, llena de todo tipo de conocimiento de cómo ser cristiano, cómo actuar y reaccionar en cada situación, cómo formar un grupo, etc., produce la muerte espiritual. La mente natural, cuando es animada y utilizada por la vida del alma, produce muerte, dondequiera que se manifieste. Verdaderamente, las Escrituras dicen que "el conocimiento envanece" (1 Co 8:1), pero no hace nada para edificar la casa espiritual de Dios.

Posiblemente, usted tenga algunas experiencias que puedan confirmar esta verdad. Puede ser que usted haya asistido a muchos cultos y predicaciones que no edificaron su espíritu. Puede ser que su mente se haya estimulado, pero su hombre interior no se alimentó. Posiblemente, ha recibido consejo y/o ministración que no logró penetrar hasta la raíz de su necesidad ni ministró la vida ZOÊ. Su espíritu se quedó sin el verdadero alimento espiritual.

Hay innumerables hombres y mujeres hoy en día que, aunque participan regularmente en algún tipo de grupo cristiano organizado, en realidad están muriendo de hambre espiritual. Si la ministración que reciben es meramente mental, si es solo una transmisión de conocimiento bíblico, no pueden nutrirse. A menos que la ministración sea la expresión de la Vida divina de Dios fluyendo a través del Espíritu Santo, no puede edificar a la Novia. La Novia de Jesús solo está hecha de lo que fluyó de su costado en el Calvario.

EMOCIONES Y ENTRETENIMIENTO

Algunos, por supuesto, sienten esta falta del flujo de la Vida. Ellos disciernen que no están recibiendo alimento espiritual. Pero, con demasiada frecuencia, su solución también es carnal. Sintiendo la carencia espiritual, recurren a la estimulación emocional para tratar de cubrir el vacío. Su música de adoración se hace cada vez más fuerte. Se les insta a aplaudir, saltar, danzar y ondear banderas. Parte de la predicación se convierte simplemente en gritar varias palabras o frases comúnmente aceptadas.

Todo esto y mucho más es simplemente un esfuerzo por despertar las emociones de los asistentes, tratando de sustituir la falta del flujo del Espíritu Santo. Esto también tiene su origen en el alma.

La estimulación emocional no hace nada para alimentar el espíritu humano. Cuando una reunión cristiana se compone de muchos gritos estridentes, un observador casual podría ser llevado a concluir que, o bien el Dios de este grupo en particular es sordo, o que está muy lejos.

Otra táctica común en la Iglesia de nuestros días, en un intento de compensar la falta del flujo de la Vida a través del Espíritu Santo, es recurrir a distintos entretenimientos. Por supuesto, están los coros o cantantes individuales. Pero, aún más populares hoy en día, son las rutinas de danza, con banderas y vestuarios, presentaciones teatrales, mímicas y bandas cada vez más profesionales. También se puede emplear iluminación elegante y efectos especiales. Puede que estas cosas estén trayendo a su grupo algún éxito aparente. Es posible que cada vez más personas acudan a sus reuniones. Tal vez usted imagine que está edificando la casa de Dios con sus diferentes métodos.

Pero tenemos que detenernos un minuto y hacernos algunas preguntas muy serias. ¿Podría ser que estas cosas sean meramente terrenales y humanas? ¿Están produciendo resultados verdaderamente espirituales? ¿Los hombres y las mujeres que acuden a nuestras reuniones están siendo realmente transformados a la imagen de Dios? ¿Están siendo liberados del pecado y se están llenando de la Vida y la naturaleza de Dios de una manera visible y verificable? ¿Están siendo transformados en personas tan santificadas que Dios se complace en habitar en ellas? ¿Sus vidas se están cambiando, sus matrimonios se están restaurando y están gobernando sus familias por la gracia de Dios?

¿Es nuestra ministración el resultado del flujo de la Vida divina o un sustituto humano? ¿Es esta una obra que nosotros estamos haciendo para Dios o es una obra que Dios está haciendo a través de nosotros? ¿Y es este trabajo verdaderamente a prueba de fuego y pasará la prueba del día del juicio, o es algo que parece bueno, pero que realmente está hecho de madera, heno y hojarasca? La verdadera novia de Cristo está siendo edificada solo de lo que fluye de Su costado herido.

CAMINANDO POR FE

Muchas personas, cuando debaten sobre cómo edificar la iglesia, quieren saber qué pasos dar. Parecen desear algún tipo de fórmula o programa que puedan seguir. Les gusta tener algo tangible en sus manos, que puedan hacer, algo que puedan implementar en su grupo. Se sienten muy inseguros con respecto al hecho de simplemente confiar en que Jesús haga la obra.

Pero la casa de Dios es una casa espiritual. No es nada que se pueda hacer con planos, programas y fórmulas. Como es espiritual, también es misteriosa e intangible. El hombre natural con su mente natural no puede comprenderla. Nuestros ojos físicos no pueden verla. Y nuestras manos humanas no pueden edificarla. Solo la Vida derramada de Cristo puede llevar a cabo esta obra.

La casa de Dios es una casa viva. No es algo estático que podamos planear, implementar o controlar. Como está viva, siempre es nueva. Jesús, el arquitecto de esta casa, está vivo hoy. Cuando estuvo en esta Tierra, Sus palabras y acciones siempre fueron imprevisibles. Cuando Sus discípulos se despertaban cada mañana, no tenían idea de adónde iría, qué diría o qué haría a continuación. Simplemente tenían que confiar en que Él los guiara y lo seguían adonde iba.

Nada ha cambiado. Jesús no nos revela un programa para edificar Su casa. Nosotros, en simplicidad infantil, debemos caminar con Él todos los días. Al igual que los discípulos, nosotros también debemos caminar con Él sin saber lo que sucederá después. Debemos creer que, a medida que lo seguimos y lo obedecemos, Su casa está siendo edificada.

Trabajar con Dios para edificar Su casa es una caminata de fe. No es algo fijo o preprogramado. A menos que sepamos cómo caminar con Jesús en fe, no podemos edificar Su casa. A través de la fe, podemos sentir Su liderazgo día a día y cooperar con Él en las cosas que está haciendo.

Si pensamos que sabemos qué hacer, entonces hay una gran probabilidad de que intentemos hacerlo. Si imaginamos que conocemos el plan, entonces es muy fácil para nuestro hombre natural tratar de implementarlo. En el momento en que pensamos que sabemos lo que Dios está haciendo, metemos nuestras manos allí para tratar de ayudar. Por esta razón, nuestro Señor no nos muestra todo. Su plan es que simplemente caminemos con Él y obedezcamos. La necesidad de caminar en fe infantil nunca se detiene. Si deseamos trabajar con Dios en la edificación de Su casa, esta es la única manera.

Tan pronto como imaginamos que sabemos qué hacer o cómo hacerlo, esto es evidencia de que hemos perdido nuestra dirección espiritual. En el momento en que pensamos que sabemos cómo y qué edificar, tenemos una prueba de que Jesús ha seguido adelante y simplemente nos estamos aferrando a la cáscara vacía de lo que hizo en el pasado. ¡Cuántos hombres de Dios están en esta posición! Están tratando de aferrarse a algo que Dios hizo en el pasado o recrearlo. Pero eso simplemente no funciona.

Es cierto que Dios puede darnos alguna dirección futura. Ocasionalmente, Él nos mostrará cómo ejecutar una cosa u otra para Él. Sin embargo, estas cosas siempre están sujetas a cambios. Nuestro Señor es nuevo cada mañana (Lm 3:23). Nunca debemos apartar nuestros ojos de Él. Necesitamos mantener nuestros ojos fijados en Él y comenzar a ver solo las cosas que nos ha mostrado. Siempre debemos estar listos, como los hijos de Israel en el desierto, para empacar nuestras cosas y avanzar en cualquier momento. No debemos perder el contacto con Él. De esta manera, seremos fructíferos en nuestra obra para edificar Su casa eterna.

EDIFICAR CON VIDA

Nuestro llamado de Dios es para edificar a los miembros individuales del cuerpo de Cristo. Esto requiere que ministremos la Vida de Jesucristo unos a otros. Pero para hacerlo, nosotros mismos debemos estar llenos de esta Vida sobrenatural. Entonces, ¿cómo podemos llenarnos de la Vida de Dios? Dediquemos un poco de tiempo a investigar este asunto tan importante juntos.

La necesidad básica de toda la vida es el alimento. Todo ser vivo, ya sea vegetal o animal, debe tener alimento para vivir. Por lo tanto, podemos concluir que, para estar llenos de esta Vida espiritual, nosotros también debemos estar recibiendo algún tipo de alimento espiritual. Nuestra Vida espiritual no crece aprendiendo. No es producto de un esfuerzo mental o emocional. No hay otra manera de llenarnos de esta Vida que no sea a través de comer. Además, necesitamos comer frecuente y constantemente.

El alimento que nuestro hombre espiritual necesita es una Persona: Jesucristo. Él nos explica: "Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida [ZOÊ] en vosotros" (Jn 6:53). Esto es bastante simple. Para estar llenos de Su Vida divina, necesitamos estar en intimidad espiritual con Él. Necesitamos estar comiendo y bebiendo de todo lo que Él es.

Por lo tanto, el primer paso que debemos dar para edificar la casa de Dios es llenarnos de todo lo que Él es. Necesitamos pasar tiempo, mucho tiempo, en Su presencia. Necesitamos comer, beber y respirar todas las facetas de Su vida y naturaleza. Necesitamos saturarnos hasta rebosar de esta abundante Vida (ZOÊ). Esto debe convertirse en nuestra experiencia diaria.

En el libro de Apocalipsis capítulo 22, versículo 1, leemos acerca de un río de agua de Vida (ZOÊ). Este río está fluyendo desde el trono de Dios y del Cordero. Así vemos claramente que la presencia de Dios es la fuente de la Vida que necesitamos. Por lo tanto, cuanto más nos acercamos al trono de Dios, más podemos beber de esta agua. Cuanto más tiempo pasemos en Su presencia, más llenará nuestro ser esta agua de Vida.

Entonces, cuando hablemos con otros, esto es lo que tendremos que compartir con ellos. Cuando estemos con ellos, sentirán el dulce aroma de Cristo. Cuando ministremos, enseñemos, aconsejemos o ayudemos, lo que saldrá de nosotros será lo que hemos estado asimilando. "De la abundancia del corazón habla la boca" (Mt 12:34). Si no nos hemos estado alimentando del Cordero, solo tendremos algo humano para compartir. Si no nos hemos estado saciando una y otra vez con la sustancia divina, nuestro "ministerio" será solo terrenal, del alma y mental.

Cuando carecemos de esta Vida (ZOÊ) para ministrar, la única alternativa es confiar en la carne. Es entonces, cuando llegamos a depender de nuestro conocimiento bíblico. Nuestra educación, nuestro atractivo personal, nuestras habilidades naturales y nuestros talentos persuasivos entran en juego. Cuando no tenemos al verdadero Cordero en nosotros para ofrecerlo, nos quedamos, como Caín, con simples vegetales. Estas cosas no edifican ni pueden edificar la casa eterna de Dios.

¿EN QUÉ ESTAMOS TRABAJANDO?

En la Iglesia de Jesucristo hoy hay mucha actividad. Abundan las reuniones, las conferencias, los seminarios y los retiros. Se está trabajando mucho. Hay mucha actividad de edificación. Pero parece que gran parte de este trabajo se está haciendo para tratar de mejorar el alma. Muchos esfuerzos cristianos parecen estar dirigidos a mejorar al "viejo hombre".

Algunas iglesias emplean reglas y normativas para tratar de controlar los apetitos carnales. Tal vez estas normas se apliquen a la ropa, los peinados o las actividades deportivas. Otros grupos someten a sus miembros a algún tipo de autoridad humana, como un pastor o un “discipulador" que se supone que supervisa sus vidas. Otros emplean algún tipo de sistema de reeducación, ya sean estudios bíblicos, programas de capacitación, seminarios, etc. para enseñar al nuevo cristiano cómo comportarse de una mejor manera. En casi todas las "iglesias" se está haciendo algún esfuerzo para mejorar, volver a capacitar o restringir la vieja vida y la naturaleza humana.

Pero todos esos esfuerzos están condenados al fracaso. Esto se debe a que no penetran hasta la raíz del problema. La verdadera causa de nuestro problema no es lo que hacemos, sino lo que somos en nuestra PSUCHÊ o alma. Es lo que somos, seres humanos con una vida y una naturaleza pecaminosas, lo que nos hace equivocarnos. Solo la vida de Jesucristo tiene el poder para lidiar con este problema.

La solución aquí es ministrar Vida a los espíritus de otros. A medida que el hombre espiritual crece, el "viejo hombre" es puesto a muerte. Cuando la nueva vida espiritual se fortalece, nuestras actitudes y acciones cambian. Nuestros apetitos y deseos se vuelven diferentes. Nuestros pensamientos y opiniones comienzan a reflejar los de nuestro Señor. Esto no es porque hayamos sido enseñados o reeducados, sino porque hay una nueva Vida viviendo en nosotros y a través de nosotros.

La vida que recibimos de Jesús que está disponible para nosotros está llena de Su carácter y Su naturaleza divina. Sus pensamientos, sentimientos, planes y propósitos están todos contenidos en Su Vida. Así que, cuando esta Vida crece, comienza a expresarse en nosotros y a través de nosotros. Comenzamos a sentir Sus sentimientos y realmente pensamos Sus pensamientos. Cuanto más madura esta vida, más reflejamos a Cristo en cada aspecto de nuestras vidas. En lugar de tratar de pensar, actuar o hablar como Jesús, podemos convertirnos en una expresión real de Su Vida eterna. Nos convertimos en instrumentos vivos a través de los cuales Dios se revela.

Así que nuestra meta debe ser llenarnos con esta Vida y, luego, ministrarla a otros. Cuanto más tengamos nosotros mismos, más eficaz será nuestro ministerio. Dios usará nuestros dones y habilidades espirituales para expresarse a través de nosotros. Entonces los que nos rodean serán alimentados y crecerán también. Lo más importante que podemos hacer para edificar la casa de Dios es venir a Él constantemente y llenar nuestro espíritu con Su vida. De esta manera podemos "repartir" o "ministrar" (DIAKONOS, en idioma griego) a Jesucristo a nuestros hermanos, nuestras hermanas, e incluso al mundo que perece.

Cualquier otro método, sin importar cuán bien intencionado sea, no puede funcionar para detener el pecado y edificar la iglesia. Esto se debe a que tales métodos solo funcionan tratando de corregir nuestro pensamiento, nuestros sentimientos y nuestras decisiones. Estos son simplemente aspectos de nuestra alma.

Pablo es muy claro cuando explica que la ley es débil, porque solo opera a través de la carne (Rom 8:3). De la misma manera, todos nuestros esfuerzos por aplicar los "principios cristianos" a nuestras vidas solo alcanzan al hombre exterior. No logran efectuar realmente un cambio de la vida PSUCHÊ a la vida ZOÊ. Además, cualquier "disciplina" a la que podamos someter a cualquier cristiano que está errando no hará nada para llegar a la profundidad de la cuestión, que es lo que somos.

La verdadera solución es la ministración del Espíritu. Cuando estamos caminando en Vida, es decir, estamos en comunión con Dios y llenos de Su Vida, entonces podemos ministrar esto a otros. Esta ministración viva penetra todo el camino hasta el espíritu humano, efectuando un cambio verdadero y eterno en lo íntimo de aquellos a quienes ministramos.

Esta Vida, que fluyó del costado de Jesucristo en la cruz, es el único elemento que puede usarse para edificar la casa de Dios. ¡Cuánto necesitamos experimentar esta Vida! Cuánto necesitamos conocer esta Vida, es decir, discernir entre ella y las manifestaciones del alma. Es una necesidad desesperada, en esta última hora, que el pueblo de Dios abandone los vanos ejercicios religiosos. Es esencial que detengamos toda actividad que sea meramente anímica, humana y terrenal. Es crucial que nos arrepintamos de todo nuestro trabajo y nuestros esfuerzos naturales, y que comencemos a vivir y trabajar de acuerdo con los impulsos de esta Otra Vida (de Jesús).

Queridos hermanos y hermanas, estas son consideraciones importantes. Todas nuestras obras serán juzgadas un día. El fuego de Dios nos probará a nosotros y a lo que hemos estado edificando. Que tengamos la humildad de interrumpir y abandonar cualquier cosa que hayamos visto que no sea de Él. Que tengamos la honestidad de admitir y volvernos de cualquier edificación que se haya hecho con manos humanas. Que estemos entre aquellos de quienes se dice que sus obras fueron "hechas en Dios" (Jn 3:21).

Fin del Capítulo 2

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ÍNDICE

Capítulo 1:Una visión celestial

Capítulo 2:La sustancia de la Iglesia

Capítulo 3:La forma de la Iglesia

Capítulo 4:Donde Dios habita

Capítulo 5:Liderazgo en la Iglesia

Capítulo 6:¡Deja ir a mi Pueblo!

Capítulo 7:La unidad de la Iglesia

Capítulo 8:Compromiso

Capítulo 9:Reuniones de la verdadera Iglesia

Capítulo 10:Viviendo en amor

Capítulo 11:Cosas que destruyen

Capítulo 12:Edificar sobre la Fundación

Epílogo