UNA PUBLICACIÓN DE MINISTERIO “GRANO DE TRIGO”
Escrito por David W. Dyer
Dios es Espíritu (Jn 4:24). Él existe en una realidad que no es física. Es un "lugar" que está fuera del espacio y del tiempo. Es una dimensión espiritual. Desde Su resurrección de los sepulcros y Su venida en el Espíritu Santo (Jn 14:28), también Jesús vive en este ámbito espiritual. Aunque Él ciertamente está presente en este mundo ahora mismo, Su presencia entre nosotros y dentro de nosotros no es física, sino espiritual.
Además, también nosotros, después de nacer de nuevo, nos convertimos en criaturas espirituales (Jn 3:6). Habiendo "nacido del Espíritu", hemos entrado en esta nueva realidad que no es terrenal ni física, sino espiritual. Este "lugar" espiritual es un lugar donde un cristiano puede “i”r y en el que puede vivir. Ya que tenemos esta nueva capacidad espiritual, podemos entrar en la esfera donde está Dios y tener contacto y comunión con Él.
Si deseamos experimentar la presencia de Dios, debemos entrar en este reino espiritual donde Él está. Aunque se puede observar a Dios en Su creación y en Sus actos visibles, incluidos los milagros, las curaciones, etc., en realidad no se le puede conocer personalmente, salvo en esta dimensión espiritual. Por ejemplo, los hijos de Israel vieron los "actos" de Dios, ya que los presenciaron durante su salida de Egipto y sus viajes por el desierto. A través de estas señales, aprendieron un poco acerca de Dios. Pero Moisés tuvo el privilegio de conocerlo íntimamente. Conocía "Sus caminos", ya que pasaba tiempo en la presencia de Dios (Sal 103:7). Leemos que "Jehová hablaba con Moisés cara a cara, como habla cualquiera con su compañero" (Éx 33:11).
El reino del "Espíritu" es el único lugar donde se puede conocer a Dios. Hay una gran tendencia entre los seres humanos a pensar que se le puede encontrar a través de alguna serie de fórmulas, enseñanzas o prácticas. Otros imaginan que se le puede encontrar en algún tipo de catedral, templo o edificio religioso. Sin embargo, esto no es cierto.
Jesús mismo se lo explicó a la mujer que encontró junto al pozo de Jacob (Jn 4:21-24). Ella conjeturaba sobre cuál era el lugar correcto para adorar. En su mente, estaba confundida sobre qué lugar físico o posición doctrinal era ideal para agradar al Altísimo.
Pero Jesús le dijo que había ocurrido un cambio. Una nueva era había surgido. A través de la obra de Cristo, los seres humanos ya no estaban confinados al plano físico, sino que deberían contactar a Dios de una nueva manera y en una nueva posición. De ahora en adelante, los verdaderos adoradores debían adorar a Dios "en Espíritu y en verdad".
Jesús explicó que la presencia de Dios ya no se puede encontrar en "Jerusalén" ni en "este monte". Esto significa que hoy entrar en el Espíritu no es cuestión de lugar, práctica, doctrina, credo o artificio. Estar en el Espíritu no depende de estar en un lugar determinado (un edificio religioso, por ejemplo) o de nuestra posición religiosa con respecto a una serie de doctrinas bíblicas. Estar en el Espíritu es una cuestión de entrar realmente en la presencia de Dios, en el Espíritu.
Estar "en el espíritu" no significa que tengamos algún tipo especial de experiencia emocional. No significa que seamos vencidos por el éxtasis, la alegría o una sensación física. No es el resultado de generar algún tipo de sentimiento al alabar, danzar, aplaudir, gritar, etc. En cambio, significa que estamos entrando en la presencia de Dios en nuestro espíritu. Significa que estamos en comunión espiritual con Jesús. Aunque Dios puede darnos y a veces nos da emociones agradables cuando estamos en Su presencia, las cuales podríamos comenzar a asociar con esta experiencia, tales sentimientos no son una señal confiable de que hemos llegado. No son lo que deberíamos estar buscando.
Estar "en el espíritu" no significa que tengamos cierto estado de ánimo o que nos dejemos llevar por la emoción de una situación o evento en particular. No significa que nuestros sentimientos se despierten o que de alguna manera nos sintamos estimulados por nuestros hermanos o por estar juntos en un grupo, ni implica que estemos simplemente en armonía con los que nos rodean o con nuestro entorno. Estar en el espíritu simplemente significa que, debido a nuestra apertura a Jesús, hemos entrado en la realidad espiritual donde Él está y estamos en comunión con Él. Esta experiencia puede o no incluir sensaciones o sentimientos específicos.
Estar "en el Espíritu" tampoco es un fenómeno racional, lógico e intelectual. No depende de que estemos en lo correcto sobre muchas cosas. Para llegar a esta experiencia, no se requiere que estudiemos, memoricemos y analicemos varias doctrinas y pasajes bíblicos. No depende de nuestra comprensión mental. Aunque, cuando estamos en el espíritu, Dios nos habla y podemos recibir mucha iluminación en nuestra mente, entrar en Su presencia no es un ejercicio mental.
La clave para poder entrar en la presencia de Dios y permanecer en Su presencia es que nuestro corazón y nuestra vida se rindan completamente a Él. En lugar de nuestra mente y nuestras emociones, nuestra voluntad es el ingrediente importante aquí. Cuando todo nuestro ser está sometido al control del Espíritu Santo, cuando nuestra alma y cuerpo son Suyos, cuando no tenemos barreras secretas, resistencias, miedos y pecados, entonces podemos entrar fácil y frecuentemente en el Espíritu. Podremos vivir en la presencia de Dios.
A medida que llegamos a un punto en nuestra experiencia cristiana en el que le hemos entregado toda nuestra vida a Jesús, caminar en el espíritu se vuelve más fácil. Cuando confiamos en el amor de Dios por nosotros y nos encomendamos totalmente a Su liderazgo y cuidado, cuando nuestra fe es tal que estamos listos para que Él haga todo lo que Él quiera dentro de nosotros y a través de nosotros, entonces entrar y vivir en el Espíritu es fácil y natural. A menos y hasta que cada cristiano llegue a un punto de completa sumisión de su voluntad a Jesús, tendrán problemas para entrar y permanecer en la presencia de Dios.
Entonces entendemos que hay un "reino" o una esfera específica en la que Dios habita y en la que podemos entrar e incluso vivir. Esto es como una especie de "cuarta dimensión". Es el lugar que la Biblia llama estar "en el Espíritu" (Ro 8:9). Aquí es donde está el reino de Dios y donde Dios se vuelve real para nosotros.
No tendremos espacio para examinar con gran detalle lo que significa estar "en el Espíritu" en este volumen. Por lo tanto, me gustaría alentar nuevamente a los lectores que no estén seguros de lo que esto significa a leer mi libro anterior titulado: "De gloria en gloria", especialmente la parte sobre la división del alma y el espíritu. Allí encontrará dos capítulos completos dedicados a este importante tema.
LA EXPERIENCIA DE LA IGLESIA
Todo esto tiene una aplicación muy real a nuestro tema actual: la experiencia de la Iglesia. La Iglesia también es un ser espiritual. Ella también existe en el plano o reino espiritual. Aunque hay una manifestación de la Iglesia en el mundo tangible en el que vivimos, la realidad o la experiencia de la Iglesia está solo en el Espíritu Santo. Permítame repetir eso. La realidad y la experiencia genuina de la Iglesia acontecen solamente en el Espíritu.
Sí, dado que los cristianos tienen cuerpos físicos, la Iglesia aparece en el mundo natural. Lo que dicen y hacen sus miembros tiene un efecto aquí en la Tierra. Pero la fuente de su vida e inspiración es espiritual. En esencia, ella realmente pertenece a otro reino. La parte natural de ella que aparece físicamente hoy, es decir, los cuerpos naturales de los miembros, pronto perecerá y será reemplazada por una parte espiritual que corresponde a su verdadera naturaleza.
Por lo tanto, para ser de valor en el reino de Dios, todas las palabras y acciones de este ser espiritual deben originarse en el Espíritu. La fuente de su hablar y hacer debe emanar de la presencia de su Cabeza invisible. Ninguna cosa que tenga su origen en el ámbito natural y terrenal tiene valor para promover los propósitos eternos de Dios. Solo lo que provenga de Su comunión con Jesús, en el Espíritu, resistirá la prueba del Día del Juicio.
LA EXPERIENCIA CORPORATIVA
Como hemos estado analizando, es posible e incluso necesario que cada cristiano conozca, entre e incluso viva en el Espíritu. Pero aún más que eso, es posible que los cristianos entren juntos en el Espíritu. Cuando dos o más cristianos entran colectivamente en la presencia de Dios, tiene lugar la experiencia de la Iglesia genuina (Mt 18:20).
Esta es la sustancia de lo que es la verdadera Iglesia. Cuando los cristianos consiguen abrirle sus corazones a Dios, cuando están juntos, pueden entrar en Su presencia corporativamente. Pueden ser resucitados juntamente con Él, y Él los puede hacer sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús (Ef 2:6).
Este hecho es crucial. El único lugar donde está la realidad de Cristo es "en el Espíritu". Así también, el único lugar donde podemos conocer la realidad de Su Novia, la Iglesia, es también "en el Espíritu". Esta realidad no se encuentra en ningún otro lugar. El Espíritu Santo está guiando y llenando a los que están en el Espíritu. Es este liderazgo y sustento lo que produce la Iglesia. Esta es la esencia de la única Iglesia verdadera.
Puede que algunos cristianos se estén reuniendo, que alaben y canten himnos. Tal vez oren y prediquen. Es posible que tengan algunos tipos de "ministerios", como ayuda a los pobres, grupos de jóvenes, un coro o cualquier número de otras actividades que se asocian con frecuencia con "una iglesia". Pero si estas cosas no son el resultado de la guía del Espíritu Santo, si no se están sosteniendo por la presencia real de Dios, si no son verdaderamente una expresión de la Vida divina, entonces no son realmente la Iglesia. Son solo una imitación humana.
No pretendo ofender a nadie con esto. Solo anhelo que todos los hijos de Dios experimenten Su plenitud. Es muy importante que cada cristiano conozca tanto la realidad de la presencia de Dios como la maravillosa experiencia de la verdadera Iglesia. Para conocer esto, debemos saber dónde buscar. Debemos saber llegar al destino que buscamos. Debemos entrar juntos en el Espíritu Santo, en la verdadera presencia de Dios.
Hoy en día, hay muchos, muchos sustitutos meramente humanos para estas realidades. Hay tantas cosas que se están haciendo en el nombre de Jesús que parecen buenas. Hay una gran abundancia de actividades cristianas que se están aclamando como "obras de Dios". Muchas de estas cosas pueden parecer bíblicas desde un punto de vista terrenal. Pueden parecer correctas y buenas.
Sin embargo, millones de cristianos en todo el mundo se están alejando insatisfechos de sus servicios dominicales por la mañana. Sus espíritus no se han nutrido verdaderamente. Si bien el liderazgo e incluso quienes los rodean pueden proclamar que esta es la voluntad de Dios, un número incontable de cristianos todavía tienen hambre y sed de experimentar más de la realidad de Cristo.
Esto es simplemente porque están buscando en el lugar equivocado. Están buscando la solución en el reino equivocado. Van de iglesia en iglesia, de ministerio en ministerio, en busca de una "iglesia hogar", un lugar que los haga sentirse bien y satisfechos. Pero la solución a esto no está en un nuevo lugar, un nuevo predicador o una nueva práctica o credo. La respuesta está en el Espíritu. La realización de sus deseos está en esta otra dimensión: la presencia de Dios mismo.
¡Cuánto necesitan los cristianos aprender a vivir y caminar en el Espíritu! ¡Qué gran necesidad tienen hoy los cristianos de comprender cómo entrar juntos en la presencia de Dios! ¡Qué enorme es la urgencia de que los cristianos sepan reunirse, mientras el Espíritu Santo los llena y los guía!
Debemos entrar en el Espíritu cuando estamos juntos para que podamos experimentar la realidad de la Iglesia. Cuando estemos en Él, y solo cuando estemos en Él, estaremos satisfechos. Esto se debe a que todo lo que Él es solo está disponible para nosotros, individual y colectivamente, cuando estamos en esta dimensión espiritual e invisible.
Dos o tres cristianos pueden lograr tal entrada corporativa o conjunta en el Espíritu Santo. Por ejemplo, siempre que estemos con otros cristianos y todos caminemos en el Espíritu, se experimentará la dulzura de la comunión espiritual. Espontáneamente, estaremos compartiendo con los demás lo que hemos ido viendo, escuchando y conociendo de nuestro Dios. Esto es casi automático. Cuando los demás están abiertos al Señor y nosotros también, este flujo de Vida de unos a otros es natural e instintivo. Nadie tiene que organizar nada. Tales cosas no necesitan ser planificadas previamente. Cuando caminamos en el fluir de la Vida Divina, cuando los que nos rodean también están abiertos a este mismo fluir, la comunión espiritual con ellos es espontánea. Cuando dos o tres están juntos, pueden orar, pueden alabar, pueden compartir las cosas maravillosas que Dios ha hecho por ellos, pueden ministrarles su porción de Jesús a los demás. Eso es la experiencia normal de la Iglesia. Tales encuentros espirituales pueden ocurrir en cualquier lugar y en cualquier momento. El único requisito es que los participantes estén en el Espíritu Santo.
Por otro lado, es posible e incluso común que los cristianos se reúnan y nunca entren en esta dimensión. Pueden comer juntos, practicar algunos deportes e incluso entablar una conversación interesante. Incluso pueden alabar, orar y oír algún sermón sobre un tema bíblico. Pero si no consiguen entrar juntos en la presencia de Dios, nada de esto tiene valor eterno. No han experimentado la única Iglesia verdadera. Este fracaso se debe a que permanecieron en la dimensión natural, física, del alma y del cuerpo. No lograron entrar en el Espíritu Santo.
JESÚS PUEDE DIRIGIR NUESTRAS REUNIONES
Una clave importante para disfrutar de las reuniones espirituales, cuando nos reunimos con un grupo de cristianos, es que Jesús puede dirigirlas. De hecho, puede dirigir nuestras actividades corporativas tal como un director de orquesta podría dirigir una orquesta sinfónica. No se supone que esta experiencia sea algo que suceda de vez en cuando, sino que debe ser una parte normal y constante de nuestra experiencia de Iglesia.
Cuando nosotros y otras personas con las que nos reunimos estamos en la presencia de Dios, podemos sentir Sus instrucciones. En el Espíritu, discernimos cuando Él desea que hablemos, alabemos, oremos o incluso que estemos en silencio. En nuestro espíritu, nos damos cuenta de lo que Jesús está haciendo y diciendo en un momento determinado. De esta manera, podemos fluir con lo que Él quiere, armonizando con la voluntad de Dios momento a momento.
Tal dirección de Jesús en nuestras reuniones cristianas es esencial. Sin ella, solo nos queda la guía humana. Cuando no logramos entrar en la dimensión espiritual ni discernir la autoridad y el liderazgo del Espíritu Santo, solo podemos emplear técnicas naturales para conducir nuestras reuniones. Aunque parezca que nos aproximamos a la realidad espiritual, tales experiencias de la Iglesia son, finalmente, insatisfactorias e inútiles. En verdad, "la carne para nada aprovecha" (Jn 6:63).
Hoy, Jesús es invisible, pero es muy real. Aunque Él es intangible en la dimensión natural y física, Él es abundantemente perceptible cuando entramos en el Espíritu. Cuando Él viene a nuestras reuniones cristianas, no viene a mirar ni a entretenerse. Tampoco tiene la intención de sentarse en el "banco de atrás" para asegurarse de que estemos haciendo las cosas correctamente. En cambio, Él viene en medio de nosotros como nuestro Líder y Rey. Él no viene a mirar, sino a liderar. Su papel no es el de observar, sino el de guiar y dirigir todo.
Cuando consigamos entrar en Su presencia y así permitirle cumplir Su papel en medio de nosotros, estos encuentros serán sumamente gratificantes. Él conoce la necesidad de cada miembro, Él entiende cómo ministrarle a cada corazón. Entonces, cuando Él es el Líder, puede inspirar a alguien a hablar, orar, profetizar o incluso alabar para atender estas necesidades de cada uno. Probablemente, Él ha preparado a estas personas de antemano para cumplir esta misma tarea espiritual. Solo Dios sabe lo que hay en cada alma. Solo Él entiende los dolores, las necesidades o incluso las alegrías que hay. Por lo tanto, cuando Él está orquestando todo lo que se dice y se hace, se lleva a cabo un verdadero ministerio espiritual. Las necesidades humanas de toda variedad están siendo realmente satisfechas.
Esta verdad se aplica a nuestra adoración y/o alabanza, así como a cualquier predicación, enseñanza u otro ministerio que ocurra. Por ejemplo, cada uno puede tener un salmo, un himno o una alabanza. Cuando una persona es inspirada por el Espíritu para sugerir una alabanza o para comenzar a alabar, entonces alabar será una experiencia espiritual ungida. Será de bendición para todos. Será algo que Jesús ha elegido, con palabras que satisfarán algunas necesidades y una unción que animará todo espíritu.
Leemos: "Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación" (1 Co 14:26).
Si, por otro lado, las personas simplemente escogen su himno favorito o alguien selecciona todo de antemano, la oportunidad de que Jesús dirija se reduce. En consecuencia, la bendición también se reduce o incluso se vuelve inexistente. El silencio es mejor que cualquier alabanza escogida por el hombre natural. Cuanto más permitamos que Jesús nos guíe cuando nos reunamos, más bendecida y edificante será nuestra experiencia.
Lo mismo es cierto con respecto a cualquier predicación o enseñanza. Nadie debe estar dominando cada reunión con su elocuencia y don. Debe haber lugar para que todos tengan la oportunidad de contribuir. Leemos: "Podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados" (1 Co 14:31). La palabra "profetizar" aquí significa "hablar por Dios", lo que puede incluir predicar y enseñar, así como ministrar "proféticamente".
Ningún hombre tiene toda la revelación. Nadie, además de Jesucristo, tiene todos los dones y ministerios. Dios formó Su cuerpo para que los miembros dependan unos de otros. Se requiere la porción de cada miembro para que el todo pueda ser edificado. Por lo tanto, cuando dos o tres o incluso más están juntos en la presencia del Señor, debe haber oportunidad para que cada uno, guiado por el Espíritu Santo, le ministre su porción de Jesús a los demás.
A medida que el Espíritu de Jesús se mueve entre los miembros de Su cuerpo, guiará a uno u otro a ministrar de acuerdo con su don, ministerio o revelación. Siguiendo la dirección del Espíritu Santo, cada "coyuntura" que se ayuda mutuamente (Ef 4:16) puede usarse para edificar a los demás.
Aquí no debe haber confusión. Todo debe ocurrir "decentemente y con orden" (1 Co 14:40). Puesto que hay una Cabeza que dirige las actividades de los diversos miembros, se ve una armonía divina. Cuando Jesús es el autor, entonces hay una sincronización sobrenatural de todo lo que ocurre. Aunque el Director es invisible, cuando todos los miembros entran en el reino espiritual donde Él está, entonces todo se hace en forma ordenada.
LAS LANGOSTAS NO TIENEN REY
Hay un versículo interesante en Proverbios que habla de este tema. Leemos: "las langostas, que no tienen rey, pero salen todas por cuadrillas" (Pr 30:27). Estos enjambres de insectos no tienen un líder visible, pero se mueven juntos en armonía como si lo tuvieran. Hay algún impulso invisible que los está guiando.
De la misma manera, el Líder del cuerpo de Cristo no es visto hoy por los ojos humanos. Pero, cuando los miembros de Su cuerpo se mueven y ministran siguiendo la dirección de Su Espíritu y están "sintonizados" con Su autoridad, entonces se ve una maravillosa armonía. No hay nada contradictorio o discordante. No hay necesidad de que los cristianos compitan para ser vistos u oídos.
Se nos enseña que cada uno puede "profetizar" o aportar su parte. "Y si algo le es revelado a otro que está sentado, calle el primero" (1 Co 14:30). Cuando el Espíritu de Dios está dirigiendo una reunión, todos deben estar atentos a todas Sus instrucciones. Nadie puede dominar a los demás, empleando el tiempo solo para su revelación y ministerio, sino que siempre debe estar dispuesto a ceder ante otro que retoma el hilo de la revelación que Dios está dando y aporta también su parte.
No hay necesidad de organización humana. No hay ningún requisito de planificar y programar todo por adelantado. No hay necesidad de que alguien o algún grupo intente controlar al resto. De hecho, tales esfuerzos se mostrarán en el día del Juicio como un gran obstáculo para la obra de Dios.
Jesús es infinitamente capaz de guiar a Su Iglesia en sus reuniones. Solo es esencial que cada miembro aprenda a estar en el Espíritu Santo y a dejarse guiar por Él. Es necesario que la Vida eterna de Dios nos mueva a todos. Cuando los miembros son dirigidos por la única Cabeza, entonces todos sus movimientos y ministerios están en armonía entre sí.
Una persona que el Espíritu mueve en una reunión de cristianos debe ministrar o hablar "conforme a las palabras de Dios" (1 Pe 4:11). Debe tener cuidado, de acuerdo con su madurez espiritual, de no incluir ninguna opinión, idea o dirección carnal. Solo debe ministrar conforme a la medida de la fe (Ro 12:6). Además, debe estar atenta para no continuar hablando o alabando cuando el Espíritu Santo ya pasó a hacer otra cosa.
Es muy común que alguien, cuando siente la atención del grupo, se enamore de un sentimiento de importancia. Es fácil que la carne se estimule cuando Dios nos usa. En consecuencia, no es raro que diferentes miembros del cuerpo vayan más allá de lo que Dios quiere decir y sigan divagando, disfrutando del protagonismo. Esto es perjudicial para todos.
Por otro lado, a veces es difícil para un miembro más tímido decir algo. Tal vez esta persona tenga una tendencia natural a ser tímida o ser reticente a hablar. Tales miembros necesitan ser animados a contribuir con lo que sienten que el Señor les está dando. Necesitan que se les enseñe que su parte, por pequeña que sea, es algo de valor para todos.
Si los miembros más fuertes del cuerpo dominan todas y cada una de las reuniones con sus dones y ministerios, es casi imposible que los más débiles crezcan compartiendo sus porciones. Por lo tanto, los más fuertes deben ser muy sensibles para dar a los miembros más débiles la oportunidad de ministrar en las reuniones también.
PERO ALGUNOS SON BENDECIDOS EN OTROS LUGARES
Algunos cristianos, sin duda, cuestionarán la necesidad de reunirse de la manera que hemos estado describiendo. Pueden argumentar que ellos y otros ciertamente han sido bendecidos y recibido ministraciones en reuniones que fueron estructuradas y organizadas. Tal vez una situación de "ministerio de un solo hombre" les ha traído algún beneficio espiritual. Estas reuniones no coincidían con la experiencia del "cuerpo" que hemos estado describiendo, pero fueron beneficiosas.
De ninguna manera discutiría tal afirmación. Ciertamente, Dios no está confinado a ninguna forma o fórmula en particular. El lugar en el que nos reunimos no es la clave. En muchos lugares donde se reúnen los cristianos hay, de vez en cuando, alguna apertura para que el Espíritu Santo obre y se mueva.
No estamos insistiendo en que, a menos que las cosas se hagan de acuerdo con cierto patrón, Dios no estará presente. Por el contrario, Él obrará en y a través de las organizaciones del hombre tanto como pueda. Puesto que Él ama a todo Su pueblo, utilizará cada apertura y oportunidad que se presente para edificarlo.
Por supuesto, debemos insistir en la verdad de que todo ministerio de cualquier valor eterno se realiza en el Espíritu. Pero es cierto que a veces, en diversas circunstancias, grupos de cristianos "organizados" también logran experimentar estar en el Espíritu. En un grado u otro, se las arreglan para dejar que el Señor los guíe.
Quizás el pastor o predicador haya recibido un mensaje de Dios. Posiblemente, los líderes de la alabanza sepan fluir en el Espíritu Santo. Estas y otras situaciones pueden proporcionar cierta dosis de ministerio espiritual.
La siguiente verdad es extremadamente importante: En la medida en que cualquier grupo de cristianos consiga entrar juntos en la presencia de Dios, experimentarán la única Iglesia verdadera. En la misma extensión en que consigan someterse juntos al liderazgo de Jesús, conocerán la realidad espiritual de Su presencia. Si alguien está ministrando algo que recibió de Dios y siguiendo Su liderazgo, los demás se beneficiarán. Cualquier grupo de cristianos, en cualquier lugar, puede conocer y disfrutar de estas bendiciones.
Lo que estamos buscando aquí, sin embargo, es cómo maximizar esta experiencia. En lugar de que estas bendiciones sean esporádicas e impredecibles, queremos conocerlas todo el tiempo. En lugar de simplemente tropezarnos en ocasiones con la presencia de Dios, tal vez sin saber cómo entramos o por qué, necesitamos entender cómo disfrutar esto continuamente.
Deseamos maximizar nuestra experiencia del Espíritu Santo. Para conseguir esto, una cosa que debemos hacer es eliminar todos los impedimentos. Cualquier obstáculo meramente humano debe descartarse.
Por ejemplo, la organización humana seguramente limitará la capacidad de Jesús para liderar. La "alabanza" formulada y planeada previamente inhibirá esto también. El dominio de las reuniones por un hombre o un ministerio, no importa cuán ungido pueda ser, en el mejor de los casos será solo una manifestación muy parcial del cuerpo de Cristo. ¡Todos los apoyos religiosos meramente tradicionales que podrían sustituir la verdadera realidad de la presencia de Jesús o interferir en ella deben desaparecer! De esta manera, podemos abrir la oportunidad para que nuestra verdadera Cabeza tome Su lugar entre nosotros.
ELIMINAR OBSTÁCULOS NO ES SUFICIENTE
Sin embargo, no estamos insistiendo en que la mera eliminación de obstáculos sea suficiente. Hace falta mucho más que esto. También debemos conseguir entrar en la presencia de Dios. Realmente debemos estar en el Espíritu. Realmente debemos someternos al liderazgo de Jesús. Si no lo hacemos, simplemente reunirnos de manera informal, sin todo tipo de apoyos y fórmulas religiosas, no nos beneficiará. Jesús no se siente atraído por algún tipo de postura "antirreligiosa" que podamos tomar.
Aquí también nos encontraremos con la pregunta de cuánto entra realmente un grupo en el Espíritu. Esto dependerá de las personas involucradas. Variará según el estado espiritual de los participantes. Si estos cristianos caminan con Jesús, si lo obedecen en su vida diaria, si no tienen barreras ni obstáculos para Su autoridad, entonces su experiencia corporativa se potenciará de una forma maravillosa.
Pero, si los participantes no disfrutan de un caminar genuinamente espiritual, si los miembros son egocéntricos, obstinados, orgullosos y se resisten a Dios, y muestran un comportamiento típico del alma, entonces las reuniones también sufrirán por esta carencia. Simplemente "reunirse en hogares" o "salir de la religión muerta" no compensa esta carencia. Una vez más, me gustaría repetir: en la medida en que cualquier reunión de cristianos logre entrar en la presencia de Jesús y discernir Su liderazgo, serán bendecidos con la experiencia de la única Iglesia verdadera. Por el contrario, en la medida en que no entren y pierdan el liderazgo de su Cabeza, su experiencia de Iglesia sufrirá.
A lo largo de aproximadamente cuarenta años de presenciar la "Iglesia en casas" y otros tipos de reuniones informales, hemos disfrutado de muchas experiencias maravillosas. Hemos tenido el privilegio de conocer muchas reuniones que el Espíritu Santo dirigió y llenó de Su presencia. Estas reuniones llenas de Dios nos han dado un deseo ardiente de tener aún más y que otros también disfruten de esta bendición. Nos ha dado a probar la casa genuina de Dios.
Sin embargo, a través de los años, también hemos visto muchas reuniones de "hogar" que estaban desprovistas de la presencia de Dios. No eran rígidas, religiosas y formales, pero tampoco bendecidos. Si bien los participantes tal vez consiguieron salir de lo que llamaban "el sistema religioso", parece que esto fue lo más lejos que llegaron. No habían conseguido entrar en nada que fuera más válido y real.
En muchos de estos casos, sospecho que la causa de la deficiencia fue que los miembros individuales no se sometían verdaderamente a Jesús en su vida diaria. No sabían cómo hacerlo, y por eso no andaban en el espíritu día tras día. Tal vez se enorgullecían de haber escapado de algún tipo de religión formal e ineficaz, pero no conseguían entrar en el reino espiritual, el Espíritu, donde está la realidad de la única Iglesia verdadera. Tal vez habían salido de Egipto, pero nunca cruzaron el rio Jordán ni entraron en la tierra prometida.
OTRO ARGUMENTO
Tal vez algunos puedan argumentar que muchos, o la mayoría de los cristianos, no son lo suficientemente maduros para reunirse sin estructura humana. Pueden afirmar que la mayoría de los cristianos no saben cómo entrar y vivir en el Espíritu, y mucho menos reunirse de esta manera. Por lo tanto, concluyen que tales reuniones espirituales no funcionarán. Creen que el hombre debe hacerse cargo de estas cosas y proporcionar alguna estructura y organización.
Lamentablemente, es cierto que muchos cristianos, o incluso la mayoría de ellos, no son personas espirituales. Solo unos pocos consiguen entrar en el Espíritu con frecuencia y aún menos viven en este estado espiritual. Pero hay una buena solución para esto. En lugar de proporcionar una estructura superficial humana para compensar el problema, debemos buscar a Dios para saber cómo resolver la carencia. Debemos ser capaces de llevar a otros a una relación con Jesucristo que sea verdaderamente espiritual.
Aquellos que conocen los secretos de una vida genuinamente espiritual deben escuchar lo que Dios dice acerca de cómo ministrarles esta realidad a los demás. Deben orar, buscando el rostro del Señor, para tener la unción y la sabiduría necesarias para llevar también a otros a la presencia de Dios. Necesitan convertirse en siervos de estos otros, mostrándoles a través de sus palabras y acciones un "camino más excelente".
Una de las mejores maneras de enseñarle algo a alguien es mostrarle un ejemplo. Hay una expresión popular que dice que "una imagen vale más que mil palabras". Si un grupo de cristianos, ya sea grande o pequeño, puede comenzar a disfrutar del tipo de alabanza verdaderamente espiritual que hemos estado describiendo, entonces los demás que visiten la reunión podrán ver por sí mismos cómo podría funcionar tal cosa. Pueden presenciar de primera mano la posibilidad de que la Cabeza dirija Su cuerpo. Un testimonio dramático es mucho más poderoso que un libro lleno de enseñanzas.
Debería causarnos una tremenda impresión que Dios, nuestro Padre, esté buscando tal adoración espiritual. Él en realidad está buscando diligentemente hombres y mujeres que Lo adoren de esta manera que hemos descrito. Leemos: "Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren" (Jn 4:23).
Si eso es algo que es importante para Él, si eso es algo que está en Su corazón, ¿no deberíamos buscarlo nosotros también? ¿No deberíamos también dedicar nuestro tiempo y atención, e incluso nuestras vidas y ministerios a este fin? Si alguna cosa es importante para Dios, ¿no es razonable que también lo sea para nosotros? Sin duda la respuesta debe ser un rotundo "¡Sí!"
LA MADUREZ TRAE RESPONSABILIDAD
Es natural que en cualquier reunión de cristianos haya diferencias en el nivel de crecimiento espiritual entre ellos. Habrá quienes sean más maduros y quienes tengan poca madurez espiritual. Mientras se reúnen, habrá quienes sean más sensibles a la dirección del Espíritu Santo y quienes tengan menos discernimiento. Una consecuencia de esto es que se cometerán errores. De vez en cuando, alguien perderá la guía de Dios. Podrían hablar de acuerdo con su propio corazón o sus experiencias, en lugar de por la guía del Espíritu.
Aquí entonces, es donde los que tienen más madurez tienen un papel que desempeñar. Aquellos que tienen verdadera madurez y un agudo discernimiento espiritual deben saber cómo mantener las reuniones en el camino del Espíritu Santo. Cuando alguien se desvía y comienza a dedicarle mucho tiempo a algo que no fluye del cielo, deben guiar el proceso de regreso al Espíritu amablemente, con mucho amor y bondad. Su responsabilidad ante Dios es ejercer una especie de "supervisión", una especie de "vigilancia" espiritual, para que se mantenga la autoridad de Jesús.
No estoy diciendo que estos cristianos más maduros tengan su propia autoridad. No deben tener el control de las reuniones. Sin embargo, siempre hay algunos que son más sensibles al Espíritu Santo que otros que no tienen el mismo crecimiento en su Vida espiritual.
¡Es esencial que se mantenga la autoridad de la Cabeza! Cuando no sea así, toda la reunión descenderá de los cielos a la Tierra, de lo espiritual a lo natural. Entonces, aquellos que tienen esta madurez se vuelven responsables de ayudar a guiar a aquellos que podrían no poseer el mismo discernimiento para permanecer en el Espíritu.
Por ejemplo: supongamos que una persona nueva llega a una reunión. Tal vez no tienen ni idea de cómo es seguir solo la dirección del Espíritu Santo. Entonces, en el momento oportuno, esta persona nueva comienza a hablar. Quizás dé su testimonio o diga alguna otra cosa. Es bueno que tenga una oportunidad. No hay que cortar rápidamente a nadie.
Pero si alguien comienza a divagar interminablemente en torno a algún tema que no brota del Espíritu Santo y, por lo tanto, no es edificante para todos, no se debe permitir que esto continúe. La autoridad del Espíritu Santo debe mantenerse si queremos disfrutar de reuniones verdaderamente espirituales.
Así, alguien con discernimiento puede, de manera natural e inofensiva, volver a dirigir la reunión hacia el Espíritu. De vez en cuando, puede hacer falta decir algo como: "Creo que nos hemos alejado de donde el Señor quiere que estemos en este momento. Oremos juntos y tratemos de ver lo que Dios diría o haría ahora". Jesús puede mostrarles, de una manera amable y gentil, cómo hacer que la reunión regrese a Su dirección. A menudo, una simple palabra u oración, no necesariamente dirigida al "divagante", puede ser suficiente.
Por supuesto, nunca tendremos reuniones perfectas. Siempre cometeremos errores. Nadie es perfectamente maduro ni está en perfecta sintonía con el Espíritu Santo. Pero esto no es fatal. Esto no tiene por qué ser un gran problema. No necesitamos preocuparnos en extremo por esto. Nuestro objetivo es permitir que nuestra Cabeza tenga tanto liderazgo como sea posible, dados nuestro particular crecimiento espiritual y situación. Cuando cometemos errores, nuestro Señor lo entiende. Él es consciente de nuestras debilidades. La próxima vez que estemos juntos con otros cristianos, tendremos otra maravillosa oportunidad de buscar Su rostro nuevamente.
Otro hecho del que debemos ser conscientes es que muchas veces las reuniones serán diferentes entre sí. Probablemente no habrá dos iguales. Como nuestro Líder es una persona viva, Su voluntad es siempre nueva. Tal vez en una reunión podríamos pasar nuestro tiempo orando. En otro momento, podríamos usar la mayor parte de nuestro tiempo en la alabanza y adoración. En otra ocasión, tal vez se enfatizaría el ministerio de la palabra de Dios. La próxima vez, podríamos ver estas tres cosas o incluso algo más. Cualquier reunión que caiga constantemente en un mismo patrón debería ser una advertencia para nosotros. Esos cristianos necesitan buscar a Dios para recibir más de Su liderazgo entre ellos.
No se puede limitar o predecir la acción de Dios. Nunca podremos adaptarla a nuestra estructura. Es imposible saber qué hará después. Cuanto más podamos abrirnos a Él y permitir que Él sea nuestra fuente y guía, más abundantes y satisfactorias serán nuestros reuniones y nuestros momentos con otros cristianos. Cada vez que estemos reunidos en Su nombre, Él estará allí en medio de nosotros para guiarnos en lo que tiene para nosotros en ese momento.
Por cierto, reunirnos en el nombre de Jesús no significa tener Su nombre escrito en la puerta. No significa que simplemente agreguemos la frase "en el nombre de Jesús" después de nuestras oraciones, etc. Estar "en el nombre de Jesús" significa que estamos en Él, y estar en Él significa que estamos en el Espíritu.
Si tomamos Su nombre sin la realidad de Su presencia, esto es vacío y vano. No hay magia especial en algunas palabras como esas. Nunca debemos usar el nombre de Jesús como si fuera una especie de encantamiento o hechizo mágico. El poder del Evangelio es el hecho de que Jesús resucitó de entre los muertos y, por lo tanto, está presente en este mundo hoy. Él es el que es poderoso y real. Estar en el nombre de Jesús es estar en Él. Es en Él que reside el verdadero poder.
REUNIONES DEL TAMAÑO DE UN CORDERO
Hemos hablado de la importancia de que cada miembro del cuerpo pueda compartir su porción durante las reuniones. Obviamente, esto solo es posible cuando el número de personas es limitado. En una gran multitud, es imposible que todos participen. Debido a esta limitación, un hermano sugirió reuniones "del tamaño de un cordero".
El pensamiento detrás de esto es que, en el Antiguo Testamento, a los israelitas se les instruía a sacrificar un cordero pascual. Si su familia era demasiado pequeña para comer un cordero entero, debían unirse con más personas. De esa manera, se reunían suficientes personas para consumir todo el cordero.
Cuando un grupo de cristianos crece hasta llegar a un tamaño en el que la participación de todos ya no es posible, luego puede dividirse. No es necesario que todos los cristianos se reúnan todas las semanas. En el Nuevo Testamento, los cristianos utilizaban casas para muchas de sus reuniones, ya que estos lugares estaban disponibles y eran convenientes. Una casa de buen tamaño puede contener cualquier reunión "del tamaño de un cordero".
Algunos podrían preguntar acerca de cuándo deberían reunirse los cristianos. Esto también debe estar sujeto a la dirección del Espíritu Santo. Cuando los cristianos caminen en intimidad con Jesús, tendrán un deseo constante de reunirse con otros. Tendrán un impulso espontáneo de estar con hermanos y hermanas que también aman a Dios. Estarán deseando compartir lo que Dios ha estado haciendo en sus vidas y lo que les está revelando. Tendrán hambre de saber cómo el Espíritu está obrando en la vida de los demás.
Si tal urgencia no es evidente, esto muestra que la relación de los cristianos con el Señor también necesita atención. La simple organización de fechas y lugares de reunión no resolverá esta deficiencia fundamental.
Cuando varios, o incluso muchos cristianos buscan esto, las reuniones sucederán con frecuencia. Un hermano podría llamar por teléfono a algunos otros, invitándolos a su casa. Otros podrían, simplemente, sentir la urgencia de ir a la casa de otro hermano una noche después del trabajo. Tal vez se sorprendan al encontrar allí a otros que también sintieron la misma dirección. Tales reuniones pueden ocurrir a cualquier hora o en cualquier lugar. Mientras estemos siguiendo a Jesús, Él orquestará todo esto.
En el libro de los Hechos, leemos que los conversos se reunían diariamente y partían el pan en las casas (Hch 2:46). Estas personas estaban entusiasmadas. Habían llegado a conocer al Dios del Universo de manera personal. Esto realmente impactó y cambió sus vidas. Era importante para ellos. Tuvo consecuencias gloriosas y eternas. Por lo tanto, su deseo de estar con los demás, recibir la ministración y compartir con los demás era insaciable. Era algo espontáneo.
Nadie estaba organizando estas reuniones. No estaban siendo programados, monitoreados o controlados por los apóstoles. Estos cristianos no necesitaban que los instaran o persuadieran a reunirse, ni que se los ordenaran. La experiencia con Jesús había cautivado sus corazones y mentes, por lo que se reunían tan a menudo como podían. Ellos estaban constantemente buscando esta oportunidad. Los cristianos de hoy deben tener la misma motivación. Cualquier cosa menos que esto, puede convertirse fácilmente en un ejercicio vacío.
Si los cristianos no tienen este deseo de estar con los demás con frecuencia, esto es una señal de problemas espirituales. Cuando la comunión con los demás no es algo que su corazón anhele, esto es evidencia de que su comunión con Jesús también tiene fallas. Si estar con el cuerpo de Cristo y servirle no es una prioridad en la vida de los cristianos, esto es una prueba de que otras cosas, además de la voluntad de Dios, han cautivado sus corazones. Cuando las preocupaciones de la vida diaria, del trabajo, de la familia, de las diversiones, etc., superan el impulso espiritual de estar junto a otros cristianos, es evidencia de que los "espinos" de los que nos advirtió Jesús han ahogado Su Palabra (Lc 8:7).
REUNIONES DE GRUPOS MÁS GRANDES
Cuando los cristianos sienten la dirección de Dios para reunirse en grupos mayores, esto puede ser una bendición. Pero también trae consigo algunos desafíos. Por necesidad, cuando se reúna un mayor número de cristianos, solo unos pocos podrán ministrar directamente. Esto es simplemente un hecho lógico. Sin embargo, tales reuniones no están prohibidas en ninguna parte de las Escrituras. Pero el principio básico de que todo sea dirigido por Jesús, la Cabeza, sigue siendo el mismo.
Aquellos que son ungidos por Dios para ministrar en alabanza, enseñanza, predicación, etc., en tales situaciones, deben sujetarse a este mismo estándar. Cualquiera que sienta que es guiado por el Espíritu para usar sus dones en tal circunstancia debe tener cuidado de que sea el Señor quien lo dirija, y no su propia ambición y su deseo de que lo vean y escuchen. Su verdadero objetivo debe ser servirles a los demás y no beneficiarse financiera o emocionalmente o psicológicamente.
Un ejemplo de cómo pueden ocurrir tales cosas son las reuniones de un hermano galés llamado Arthur Burt. Periódicamente realiza conferencias cristianas alrededor del mundo. Sin embargo, en sus conferencias no hay conferencistas invitados. Cualquier persona presente que sienta que tiene una Palabra de Dios que compartir, puede hablar. Sin embargo, impone una restricción. Él dice algo como esto a la gente reunida: "Cuando da un paso al frente, tiene cinco minutos para bombear. Si no sale «agua» dentro de ese tiempo, siéntese."
Las reuniones más grandes de cristianos, en las que solo unos pocos ministran, plantean desafíos tremendos y extremadamente graves. Uno de ellos es que hay una tendencia muy fuerte entre muchos cristianos a ser pasivos y dejar que otros hagan el trabajo. Tales reuniones pueden fácilmente reforzar esta tendencia. Muchos cristianos rápidamente llegan a depender de otros para que se encarguen de todo.
Otro desafío es que algunos miembros más dotados pronto se convierten en una especie de jerarquía o clero. Dado que les resulta fácil liderar y disfrutan la oportunidad de hacerlo, naturalmente comienzan a dominar la asamblea. Esto produce muy fácilmente una situación que se asemeja a la organización de "clero/laicos" que está tan desenfrenada hoy en día y sofoca el funcionamiento del cuerpo.
Otro peligro es que tales reuniones caen fácilmente en rutinas y, con el pasar del tiempo, el liderazgo de Cristo sobre todas las cosas se desvanece. En consecuencia, cualquier persona involucrada en la organización de tales reuniones debe estar constante y agudamente consciente de que debe evitar cualquier cosa que se vuelva repetitiva. Deben huir a toda costa de todo lo que sustituya al liderazgo de la Cabeza.
Tales asambleas mayores de cristianos solo deben ocurrir cuando Jesús las ordena, no simplemente de una manera regular y preprogramada. Los grupos menores, en los que todos pueden participar, deben ser la experiencia normal y frecuente de los cristianos. Las reuniones más grandes, cuando ocurren, deben ser meramente complementarias.
REUNIONES DE MINISTRACIÓN
En las Escrituras también encontramos otro tipo de reunión que podría llamarse "reuniones de ministración". Por ejemplo, mientras los cristianos se reunían diariamente "por las casas", en Hechos, los apóstoles también enseñaban "todos los días, en el templo" (Hch 5:42).
Existían reuniones en las que no todos participaban, sino que los apóstoles ejercían sus ministerios, y les enseñaban y predicaban a audiencias mayores.
En otra parte del libro de los Hechos, se nos habla de que Pablo le predicó toda la noche a un grupo de cristianos. Además, aprendemos que, en un momento, Pablo usó la escuela de Tiranno como lugar para ejercer su don de enseñanza (Hch 19:9). En otra situación, leemos que alquiló una casa para este propósito (Hch 28:30).
Estas reuniones de cristianos no eran reuniones del "cuerpo". No eran situaciones en las que cada miembro funcionaba y aportaba su parte. En cambio, eran circunstancias en las que un hombre u hombres con ministerios ungidos y especiales estaban sirviéndoles a los demás de una manera única. Quizás esto es lo que imita la mayoría de las reuniones de la "iglesia" de nuestro tiempo.
Pero, en lugar de ser una exhibición del cuerpo, esto es simplemente el ministerio de uno o más hombres dotados. Podríamos referirnos a estas como "reuniones de ministración". Este tipo de reunión es bíblica e importante. Si alguien tiene una ministración que es tan ungida y, por lo tanto, necesaria para el cuerpo, es libre de hacer esto para compartirla. Una vez más, esto debe hacerse de acuerdo con la dirección del Espíritu Santo.
Tales reuniones nunca deben convertirse en un sustituto de las reuniones del cuerpo. Las reuniones más pequeñas de cristianos "casa por casa", en las que todos tienen la oportunidad de participar, son una parte esencial e integral de la experiencia de la única Iglesia verdadera. Estas reuniones deberían ser la parte principal de nuestra práctica en la vida diaria de la Iglesia. Los miembros más fuertes y talentosos nunca deben volverse dominantes de una manera que suplante el funcionamiento del resto en estas reuniones.
APOYO FINANCIERO
Cuando se ejerce el ministerio de un miembro ungido, debe hacerse a expensas de esa persona. Ya que es su ministerio, esta persona es responsable ante Dios de sostenerlo financieramente. No quiero decir que otros no puedan contribuir. Lo que quiero decir es que la iglesia o el cuerpo como un todo no es responsable de estos gastos. Esta es la responsabilidad de la persona que lleva a cabo el ministerio. Esta persona debe tener un llamado genuino de Dios para hacer ese trabajo en particular y, por lo tanto, tener fe en que Dios lo sostendrá. De lo contrario, entonces no debería estar llevando a cabo esta obra.
En ninguna circunstancia, esta persona debe ejercer presión de ningún tipo sobre otros cristianos para que la ayuden económicamente. No se permiten insinuaciones, indirectas sutiles o súplicas directas de que se les aporte dinero. Nunca deben tomar "ofrendas" antes ni después de ministrar. Si un individuo no tiene la fe para realizar una obra particular para Dios, entonces debe dejar de hacerla. El cuerpo de Cristo ciertamente puede contribuir a la obra de Dios, pero solo en la medida en que Él los mueva a hacerlo, no por coacción del hombre.
De hecho, es bíblico que las personas que reciben la ministración ayuden financieramente a aquellos de quienes reciben una bendición. Leemos: "El que es enseñado en la palabra haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye" (Gál 6:6). Este "hacer partícipe" ciertamente podría incluir ayuda financiera.
Pero bíblicamente, esta ayuda nunca debe ser en forma de salario. Si bien se permiten donaciones ocasionales, la idea de los salarios va más allá de lo que es saludable y bíblico. Si alguien recibe un "salario", es decir, una suma de dinero fija, regular y confiable, entonces ya no necesita depender de Dios. Poco a poco, comienza a confiar en el hombre. Su visión inevitablemente se desvía del Señor hacia aquellos que están pagando su salario.
Es prácticamente imposible que esto no ocurra. La persona o las personas que suplen nuestras necesidades diarias son las que nos controlan. Cuando Dios está en esta posición, todo está bien. Pero cuando los hombres son los que manejan los hilos del dinero, entonces ellos son los que están en una posición de poder sobre nosotros.
En tales situaciones, los motivos de la persona que ministra se ven comprometidos. Se convierten en "asalariados" (Jn 10:13) que deben mantener la buena voluntad de aquellos de cuyo dinero dependen. En lugar de tener la necesidad de mantener una relación buena, íntima y obediente con Jesús, simplemente necesitan mantenerse bien con aquellos que pagan su salario.
Por lo tanto, ya no son libres de decir solo lo que Jesús les da para decir. Se vuelven reticentes a decir cualquier cosa que pueda ofender a alguien, ya que luego podría dejar de apoyarlos. Se transforman gradualmente en personas "que quieren agradar a los hombres" (Ef 6:6). Si alguien está genuinamente "viviendo por fe", debe ser fe en Dios y no fe en la capacidad y la buena voluntad de los demás para continuar sustentándolos.
MIEMBROS DOMINANTES
Es un gran error que alguien que tiene un don o ministerio poderoso organice "una iglesia" a su alrededor. Aunque es una práctica muy común que una persona así se convierta en líder de un grupo, en el que la mayoría de las actividades giren en torno a su ministerio, esto no es bíblico. Si bien el llamado y los dones de esta persona puedan ser genuinos y válidos, no fueron dados para que esta persona pudiera convertirse en la única fuente de ministración para un grupo especial.
Esta práctica hiere el estándar bíblico en varios puntos. Número uno: limita a los "miembros" a un ministerio en particular. Para estar saludables, estas personas necesitan la porción de todo el cuerpo. Número dos: exalta a una persona a una posición no bíblica, tomando un lugar en la asamblea para el cual solo Cristo es digno. Entonces, inconscientemente, muchos comenzarán a recurrir a este líder y depender de este, en lugar de recurrir a Jesús.
Número tres: sofoca el ministerio de cualquier otra persona en el grupo cuyos dones también son válidos, pero no lo suficientemente excepcionales como para competir con el líder por la atención que recibe. Comúnmente, tales personas se frustran y buscan realización en otras áreas, o se disponen a establecer su propia "iglesia" donde puedan usar su don, lo que a veces divide al primer grupo.
LOS NICOLAÍTAS
Hasta donde yo sé, en el Nuevo Testamento hay una sola cosa que Jesucristo dice que odia. Esta cosa se menciona en Apocalipsis en las cartas a las siete iglesias. Son las obras y la doctrina de los nicolaítas, mencionadas en Apocalipsis 2:6,15. Dado que la historia de la Iglesia no registra ningún grupo de personas llamados "nicolaítas" específicamente, ha habido mucha especulación acerca de ellos. Creo que la respuesta a su identidad radica en el significado de la palabra "nicolaíta". Tenga paciencia conmigo mientras investigamos esta posibilidad.
Tengo entendido que la palabra NIKAO, en el idioma griego original, significa "conquistar, someter o elevarse por encima", mientras que la palabra LAOS (de la que derivamos la palabra "laicos"), significa "público en general" o "asamblea de personas". Por lo tanto, la palabra "nicolaítas", que se compone de estas dos palabras, se referiría a aquellos que se elevan sobre los laicos o la gente común, y los someten. Esto parece describir exactamente la situación que hemos estado examinando.
De nuestras discusiones anteriores, es fácil entender por qué Jesucristo odiaría este tipo de organización. Tal situación sofoca el funcionamiento de Su cuerpo, que es Su expresión en la Tierra. El efecto inmediato de esto es que la mayoría de los miembros de la Iglesia se mantienen en gran parte inactivos, y una persona o un grupo selecto de personas se eleva a una posición de hacer casi todo. Así que tenemos unas pocas personas tratando de vivir la vida de Iglesia por muchos. Obviamente, esto no se ha aprobado y entorpece mucho la obra de Dios.
EL SUEÑO DE JACOB
Mientras Jacob huía de su hermano Esaú, pasó una noche en el desierto. Allí usó una piedra como almohada. Mientras dormía, soñó un sueño maravilloso. En el sueño, "Vio una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por ella" (Gén 28:12). Cuando despertó, se dio cuenta de que este era un lugar especial. Él lo llamó "Betel", que significa "la casa de Dios".
Cuando verdaderamente estemos siendo la casa de Dios, cuando estemos cumpliendo los requisitos de estar en el Espíritu y guiados por nuestra Cabeza, en ese lugar y en ese tiempo, se abrirán los cielos. La presencia de Dios se volverá real para nosotros. De hecho, experimentaremos ser la "casa" o morada de Dios de una manera corporativa; la "Betel" de hoy.
En esos momentos, hay verdaderamente un cielo abierto. La presencia de Dios es muy real. Se nos da a conocer Su autoridad o "trono". La revelación, la iluminación y la comprensión espiritual están ocurriendo. Además, los espíritus ministradores, los ángeles, van y vienen ("ascienden y descienden") trayendo mensajes del trono y tal vez "llevando" las alabanzas y peticiones de los cristianos de vuelta a Dios. Por supuesto que aquí estamos describiendo algo espiritual con palabras terrenales. Quizás los detalles exactos de este tránsito angélico no se puedan conocer con exactitud. Sin embargo, en tales situaciones celestiales, la proximidad de los ángeles ministradores es muy real. Quizás no seamos muy conscientes de ello, pero está ocurriendo.
Nosotros, el pueblo de Dios, tenemos el maravilloso privilegio de entrar juntos en Su presencia. Cuando nos reunimos, podemos disfrutar de un "cielo abierto", en el que las cosas invisibles de Su reino se vuelven reales para nosotros. A medida que entramos juntos en el Espíritu, las maravillas inimaginables de Jesús y Su voluntad para nosotros están disponibles para que las poseamos. Nosotros, seres humanos insignificantes, podemos disfrutar de la realidad de ser la morada del Dios Altísimo. ¡Que nunca estemos satisfechos con nada menos que eso!
LA PLANTA PILOTO DE DIOS
Aquí incluyo el testimonio de un hombre, Nick Jensen, que se comunicó con nosotros. Aunque lo siguiente no se puede considerar como un ejemplo exacto de lo que Dios haría en todas partes en cada situación, ciertamente es un poderoso testimonio de lo que Él realmente hizo en un lugar. Ya que nuestro Señor puede hacer esto por estas personas y lo hizo, puede hacerlo en toda la Tierra en muchas situaciones diferentes. Incluyo su carta, tal como la escribió, con muy pocas alteraciones.
2 de marzo de 1987
Queridos hermanos:
Saludos en el nombre de Jesús.
Hace varias décadas, un pequeño grupo de "cristianos renovados" se congregaba en un lugar en el que, si nos basamos en cualquier mapa turístico, no había absolutamente nada. Sin embargo, estaban en medio de los exuberantes campos de Somerset, en Inglaterra, no muy lejos de la conocida propiedad rural de Horlicks. El lugar era llamado South Chard.
Su pastor recibió un llamado del Señor a ayunar para que Él pudiera llegar a sus oídos espirituales. Al final de varias semanas de abstención total de cualquier alimento que no fuera el pan del cielo, el Señor le habló a Su siervo. El resultado de esa comunicación dio a conocer South Chard a los cristianos de todos los rincones de la Tierra. ¿Cuál fue ese mensaje celestial? Como ocurre con la mayoría de las órdenes del Cuartel General, esta fue igualmente buena y breve, y decía algo así: "¡Déjame [el liderazgo de] tus reuniones a mí"!
Así que lo siguiente que vieron los habitantes de South Chard fue que su pastor estaba entrando a zancadas por la entrada principal de su pequeño salón un domingo por la mañana, a las 10 en punto, llevando en sus hombros no una cruz, sino una sierra. Avanzó lentamente hacia el frente, hacia el púlpito, desde donde siempre había dirigido el servicio y, sin mucho preámbulo, procedió a cortarlo hasta que la parte superior cayó al suelo con un gran ruido. Satisfecho con su trabajo, se sentó en uno de los bancos para nunca más volver a dirigir una reunión de la iglesia.
Si dijera que la congregación quedó atónita, probablemente no le haría justicia. En todas las caras había gestos de dudas. Algunos incluso temían que el ayuno prolongado hubiera perturbado algunos de los reflejos naturales de su pobre pastor. Pero allí se sentó.
Y allí se sentaron por un buen rato, según cuentan, y estuvieron meditando, hasta que un alma caritativa comenzó a tararear discretamente un himno que recita: "En silencio ahora te espero". Con eso, unos pocos del pueblo de Dios en la Tierra habían dado sus primeros pasos vacilantes hacia una verdadera reunión de la Iglesia!
El reverendo Sidoby Puree había abdicado en favor del Conductor celestial. ¿Funcionó? Bueno, dejemos que un tercero (Nick Jensen) describa lo que experimentó en una mañana de domingo ordinaria en South Chard.
El salón estaba repleto de personas que se abrazaban, reían, resplandecían y estaban felices. Nunca se habría pensado que este ruidoso lugar era el escenario de una reunión de "iglesia". Algunos estaban de pie, otros estaban sentados y otros parecían estar por todos lados, contando anécdotas o algo así.
Yo esperaba que el pastor o el líder del coro calmara a los juerguistas y anunciara el himno de apertura, pero a nadie parecía molestarle el desorden general, y nadie se puso al frente para anunciar nada. De repente, todos parecían haber asimilado por completo la presencia de los demás, cuando un silencio sagrado siguió a la feliz multitud y se escuchó un notable silencio no provocado después de los sonidos que parecían los de un mercado.
En ese momento, escuchamos la voz débil de una hermana anciana que, por su cuenta, comenzó a alabar con un himno en inglés que dice algo como esto: "Regocíjate alma mía, regocíjate alma mía; en la presencia del Señor hay gozo para siempre; regocíjate, regocíjate alma mía". Y tenga en cuenta que nadie la acompañó en su apertura, ¡ni siquiera el organista! Solo cuando inició su segunda ronda la acompañaron los demás, y apenas entonces escuchamos por primera vez el órgano, como diciendo: "Yo nunca comienzo, siempre sigo". Y esa actitud se mantuvo religiosamente durante todo el servicio.
Ahora, el coro que había comenzado tan débilmente, pronto creció progresivamente, estimulado por aplausos rítmicos y constantes. Nadie allí parecía tener ningún respeto por la costumbre pentecostal, universalmente aceptada, de repetir los coros una o dos veces como máximo.
Simplemente continuaron disfrutando de la presencia del Señor y repitieron "Regocíjate alma mía" tantas veces que perdí totalmente la cuenta. Todos parecían no prestar atención a la presencia de los otros adoradores, porque su alabanza visiblemente seguía la dirección exclusiva del Señor.
Cómo llegaron a poner fin a ese coro de apertura, realmente no lo sé, pero finalmente lo hicieron. Apenas habían terminado esto cuando una palabra profética vino del Cielo, sonora y poderosa, con la invitación del Señor a que Su pueblo disfrutara de Su presencia plenamente y, ¡qué plenitud!
Alabaron tanto himnos como coros de memoria, ya que no había libros de himnos, partituras de coros ni retroproyectores de ningún tipo. Para aprendérselos, simplemente usaban los medios primitivos de repetición. En la opinión de ellos (más tarde lo comprendí), los cancioneros y los proyectores los alejaban de la libertad de alabar y adorar. ¿Por qué? Porque con el uso constante de muletas, nunca se aprende a caminar y, en este caso, la dependencia de textos representa un obstáculo serio para la completa libertad y entrega al Espíritu.
Estaban sentados en forma de mesa redonda con un espacio abierto bastante grande en el medio, y pronto entendería el motivo, con bastante asombro, porque en ese momento un joven bastante corpulento comenzó a danzar como si apenas pesara cincuenta kilogramos.
Muchos otros se le unieron, pero esta vez el coro debió repetirse unas 37 veces por lo menos, y el Cielo se volvió más real que la Tierra. Repetición no es una palabra correcta para describir eso. Más bien era una acumulación continua de alegría expresada en alabanzas y danzas.
Después de este jubileo, "estalló" un período de silencio, cuya duración no pude determinar, porque fue solo después de un buen tiempo que me di cuenta de que habíamos entrado en algo parecido a la eternidad, con niños y todo.
Con respecto a los niños, estaban sentados solos en los únicos asientos reservados del salón, desde donde tenían una mejor vista de las cosas que estaban ocurriendo. Aparte de eso, hacían lo mismo que los adultos y varias contribuciones vinieron de ellos. Nunca los apartaron a sesiones especiales de niños, probablemente porque los discursos previamente preparados, comúnmente conocidos como sermones, se evitaban a toda costa en las reuniones de la iglesia Chard.
Las profecías abundaban. También se leyeron las Escrituras y se compartieron breves testimonios o exhortaciones, de una manera bastante variada, pero ordenada.
La reunión terminó tan misteriosamente como comenzó, porque cuando cierto hermano había compartido algo de los profetas y se había vuelto a sentar, todos y cada uno se pusieron de pie, como cuando el séquito del canciller sale de una sala, y eso fue todo. La reunión había terminado. Porque el Conductor celestial había entregado Su maná celestial y se había "ido", entonces, ¿por qué quedarse por meros bocados terrestres? Y en ese momento, tampoco nadie fue invitado a decir una oración de cierre.
Mientras la reunión aún estaba en su curso, repetidamente me hice la pregunta: "¿Dónde están los líderes de este grupo de personas?" "¿Dónde están los que están a cargo?" Porque tales hombres estaban visiblemente ausentes, y esa característica era bastante perturbadora para un ex-luterano convertido en bautista, miembro activo de la purísima y carismática Fraternidad Internacional de Hombres de Negocios del Evangelio Completo.
Tuve conflictos respecto de este fenómeno durante bastante tiempo hasta que finalmente me di cuenta de que todo había sido meticulosamente "teledirigido" desde el Cielo, en todo momento. Yo, un cristiano bautizado en el Espíritu y estudioso de la Biblia por 26 años, tuve que reconocer que hasta un pagano total inmediatamente habría proclamado: "¡No hay cabezas humanas allí, Dios está entre ellos de verdad!"
Salí de la asamblea de South Chard visiblemente conmocionado hasta lo más profundo de mi ser, porque si eso era lo que Dios quería (y no me cabían dudas al respecto) entonces todos nosotros, sin excepción, éramos culpables de manipulación [en la iglesia]. Le dije: "Padre, por favor, dame una palabra de confirmación". Y aquí está lo que recibí, de entre todas las posibilidades de las Escrituras Sagradas: "Entonces, hermanos, ¿qué podemos decir? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene…" (1 Co 14:26). Yo no pude sino proclamar: "La planta piloto de Dios se estableció y se puede encontrar en al menos un lugar en la Tierra, que no aparece en el mapa siquiera, pero es gloriosamente real de todos modos".
La única pregunta que aún rondaba por mi mente era: "¿Cuándo vamos a encontrar esa nueva planta en plural?" [Con esto él quiso decir: "¿Cuándo vamos a encontrar ese acontecimiento en toda la Tierra?"]